29 de marzo 2011 - 00:00

Segundas lecturas de un texto ambiguo

Un rebelde libio se detiene a rezar en la localidad de Wadi Al Hamra. Ayer fue un día difícil para los antigadafistas, que debieron frenar su marcha hacia el oeste al encontrar fuertes focos de resistencia.
Un rebelde libio se detiene a rezar en la localidad de Wadi Al Hamra. Ayer fue un día difícil para los antigadafistas, que debieron frenar su marcha hacia el oeste al encontrar fuertes focos de resistencia.
Bruselas - La coalición internacional, liderada hasta ahora por Estados Unidos, Francia y Reino Unido, ha dado un paso trascendental: se descargaron de la responsabilidad de los ataques contra las fuerzas del coronel Muamar Gadafi y se la traspasaron en su totalidad a la OTAN.

Esos ataques «selectivos» buscan proteger a la población civil para abonar el terreno para una transición ordenada a la democracia en el país norteafricano: el panorama parece ahora mucho más claro.

Tras casi diez días de dudas, de tiras y aflojes y de traspasarse la decisión final, los once miembros de la coalición finalmente dieron el domingo su visto bueno a que sea la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el pacto militar creado en 1949 para contrarrestar a la extinta Unión Soviética, la que haga el trabajo más duro: seguir bombardeando para evitar que las fuerzas gadafistas sigan matando a civiles.

Interrogante

¿Existe el riesgo de que la frase clave de la resolución 1.973 de la ONU (según la que se usarán «todos los medios» para proteger a la población civil) sea reinterpretada o que existan en ella lagunas importantes que permitan segundas lecturas? Esa es una de las reflexiones que se plantean numerosos analistas y expertos en Derecho Internacional.

«Nuestro objetivo es proteger a los civiles y los territorios poblados por civiles de la amenaza de un ataque del régimen de Gadafi», aseguró el secretario general de la alianza atlántica, Anders Fogh Rasmussen. «La OTAN aplicará todos los aspectos de la resolución, ni más ni menos», subrayó, en un intento más por dejar claro que -al menos oficialmente- el pacto militar noratlántico no se extralimitará en sus funciones.

El hecho es que, tras numerosos vaivenes e incertidumbres, los 28 miembros de la Alianza cerraron un acuerdo para que sea ahora la OTAN la que «implemente todos los aspectos» de esa resolución, la cual en principio persigue proteger a los civiles y las zonas pobladas de las amenazas de ataques por parte de los mercenarios y las fuerzas leales a Gadafi, un líder que parece haber entrado ya en el ocaso de su vida política, tras más de cuatro décadas de poder omnímodo.

¿Pero qué significa implementar «todos los aspectos» de la resolución? ¿Existe el riesgo de que Libia pueda convertirse en un polvorín incontrolable como Irak o Afganistán?

El hecho tangible es que después de que el presidente estadounidense, Barack Obama, manifestara que su país se retiraría pronto del esfuerzo bélico y de que Alemania dejara en claro que ni siquiera estaba dispuesta a tomar parte en el embargo naval de armas ante las costas de Libia, las fisuras en el seno de esta iniciativa internacional anti-Gadafi formada gracias al empeño del presidente francés, Nicolas Sarkozy, eran más que evidentes.

Al tiempo que Washington intentaba apartarse cada día más del «foco caliente» de la acción, después de haber participado con el lanzamiento de sus potentes misiles Tomahawk sobre objetivos de Gadafi, la OTAN se veía obligada a -en paralelo- ir acercándose al fuego de las acciones bélicas, de las que Rasmussen intentó mantenerla apartada.

Duda

Otro paso importante para despejar el camino fue que la semana pasada se vencieran las resistencias de Turquía, único miembro de mayoría musulmana de la alianza, que deseaba que se frenaran los ataques contra «otros objetivos» (por ejemplo el cuartel general de Gadafi) que no estuvieran estrictamente relacionados con la protección de la población civil libia.

El secretario general de la Liga Arabe, Amro Musa, ponía en duda la «necesidad» de los ataques y comentaba, entre bastidores, que la participación de la OTAN debería ser «secundaria» para no herir las susceptibilidades del mundo árabe. Todo eso parece haber quedado superado.

La misión contará ahora con el comando militar y político de la OTAN. Sin embargo, habrá un organismo directivo, donde estarán representados los países que pongan a disposición sus tropas y que participen activamente, como por ejemplo Qatar, que no pertenece a la alianza. Se espera que este organismo desempeñe un papel consultivo. En definitiva, los aliados han pedido a la OTAN una intervención lo más aséptica posible (y sin «daños colaterales») contra objetivos de Gadafi, para en un paso subsiguiente, colaborar en un proceso de transición sin el hombre fuerte.

Agencia DPA

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