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Sencillez, lirismo y dos actrices creíbles
Luciana Mastromauro y Tatiana Sandoval son las hermanas de «Albina», sencilla y amable fábula de María Salerno sobre dos hermanas, que viven rodeadas de ogros como en los cuentos infantiles.
Al igual que las heroínas de los cuentos infantiles, las hermanas Kowalski viven rodeadas de ogros. Con una madre ausente -de la que no se supo más nada- y un padre inmovilizado que sólo se dedica a engordar, Albina y Lucía deben arreglárselas como pueden para sobrevivir en un universo masculino decididamente hostil.
Es un lugar de mala muerte, donde los hombres van y vuelven de la fábrica acechándolas sin ningún disimulo. Ellas, mientras tanto, hacen planes de fuga, pero no logran ponerse de acuerdo.
Una es morocha, enérgica y decidida. La otra, como su nombre lo indica, es de una blancura sobrenatural y tiene emociones de niña. Dicen en el pueblo que un mechón de su pelo blanco tiene propiedades mágicas, pero debido a su espíritu soñador e ingenuo está a punto de convertirse en un lastre para su hermana. Además, Albina ha contraído una deuda incalculable con el amo del lugar, luego de que su perro hiciese estragos en el gallinero de éste. Para cobrarse la deuda, el patrón exige que le entreguen a la muchacha, vestida de blanco.
Sobre esta sencilla trama, la directora Mónica Salerno creó un interesante contrapunto entre estos dos personajes femeninos que se potencian mutuamente a medida que avanza la acción. Los recuerdos de infancia, las dificultades del día a día, la graciosa candidez de Albina, los juegos y hostilidades entre las dos hermanas, van aportando pequeñas pinceladas de vida a un relato que atrapa al espectador a pesar de su simpleza.
El expresivo desempeño de Luciana Mastromauro (Albina) y Tatiana Sandoval, y la sugerente ambientación del espacio enriquecen el lirismo de la pieza. En cambio, la presencia (in absentia) del padre no está lo suficientemente valorizada y la figura resulta muy poco creíble, aunque sus hijas lo nombren todo el tiempo y desaparezcan de escena con la excusa de ir a darle de comer. De todos modos, lo que importa es el conflicto que involucra a las protagonistas y sus idas y vueltas con la latente amenaza de quedar separadas para siempre.


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