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Septiembre vuelve a ser el mes del ballet en el Colón
Lidia Segni, directora del Ballet Estable: «Al principio fue duro recuperar el público balletómano, pero ya el año pasado hubo seis funciones de ‘Bella durmiente’ a sala llena».
Periodista: ¿Esta gala es una continuación de la del año pasado?
Lidia Segni: Sí, en ese momento yo decidí que había que homenajear a nuestros bailarines Norma Fontenla y José Neglia a 40 años de su muerte, y la respuesta fue excelente. La dirección del Teatro me dijo entonces que quería continuar con las galas y establecerlas como una costumbre en el mes de septiembre. Salvo una bailarina que ya estuvo en Buenos Aires, todos los demás vienen por primera vez. Sentí mucho que no pudieran venir los de la Ópera de París, pero justo cuando se reincorporaban uno de los que iban a viajar se lesionó y tuve que remplazarlos. El año pasado fue muy bueno ver a nuestros bailarines junto a los invitados en los ensayos, en las funciones, viendo las actuaciones de los otros, era una comunicación excelente entre todos.
P.: ¿Cuál es su visión de la compañía en los últimos tiempos?
L.S.: La compañía en estos cuatro años fue creciendo de manera asombrosa con respecto a sus integrantes, las primeras figuras que estaban y las que han ido surgiendo. Los veo con un nivel parejo y muchas ganas de trabajar, es muy positivo lo que se fue logrando especialmente desde 2011, un año muy bueno en repertorio, con obras que el Colón no tenía desde hacía muchos años, como «Onegin», que es una joya, una nueva versión de «Bella durmiente», «El corsario» en una versión magnífica que el Colón no tenía, un muy bien programa mixto, la «Carmen» de Mauricio Wainrot que fue un éxito acá y en el interior. La manera de que una compañía crezca es incorporar nuevas producciones, y conservar las que tenemos. La producción de «Corsario» fue pedida por el American Ballet Theatre tanto en escenografía como en vestuario para su temporada 2013, por eso yo programo su repetición para 2014. Es importantísimo para nosotros y nuestra imagen en el exterior.
P.: ¿El público que asiste a las funciones es público de ballet o público del Colón?
L.S.: Creo que es público de ballet al que hubo que recuperar. Al principio fue duro, pero el año pasado por ejemplo hubo seis funciones de «Bella durmiente» a sala llena, y lo mismo pasó con «Onegin». Lo noto también en los comentarios de la gente que me cruza por el pasillo en las funciones: la gente me agradece el haber recuperado a la compañía, y eso me hace feliz. Ojalá que el que venga detrás de mí continúe, porque la compañía está muy bien.
P.: Se dice que los bailarines argentinos son eclécticos por tener acceso a distintas escuelas. ¿Qué opina?
L.S.: Tenemos bailarines que se han hecho con distintas escuelas y se han formado de distintas maneras, pero cuando el coreógrafo empieza a trabajar con ellos, absorben perfectamente todo. Cuando vino Isoart a montar «La sylphide» hace unos meses, al principio costó pero después quedó muy contento con el resultado. Por más que provengan de distintas escuelas, una vez que ingresan al Colón se va unificando todo. En una época se hablaba de esa confluencia de razas, pero ahora creo que estamos uniendo todo mucho más.
P.: ¿Qué cambió en la generación actual respecto de la suya?
L.S.: El mismo cambio que puede notar hablando de deportes u otras disciplinas: la técnica avanzó notablemente, los tiempos son otros, la exigencia técnica es mayor. Eran grandes bailarines, pero no necesariamente una bailarina tenía un «developpé» de 180 grados, como hoy todas lo tienen.
P.: ¿Y en su relación con el entorno?
L.S.: Están mucho más conectados que antes, por muchas razones. A nosotros nos llegaba lo que se traía, trabajábamos sobre eso, veíamos algo, muy poco, y vivíamos para trabajar y lograr lo que queríamos. Ahora también, pero están mucho más informados: si les digo que va a venir alguien a montar determinado ballet, ya van a buscar información y verlo, y tienen la posibilidad de ver a otros que hicieron los roles que están trabajando También a nivel de proyección internacional: antes la conexión era vía correo postal únicamente. La comunicación es mucho más fluida, aunque a veces hay que poner topes porque no todos saben hasta dónde llega la relación entre el director y el cuerpo de baile, la gente ahora es mucho más avasalladora. No lo critico, pero a veces hay que decir: «Ustedes están ahí y yo estoy acá».
Entrevista de Margarita Pollini


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