- ámbito
- Edición Impresa
Show de tango con un soplo de aire fresco
Aun con sus puntos flacos, «Sin pecado concebido» es una muy buena bocanada de aire fresco en el rubro show de tangos, gracias a las buenas ideas de la coreógrafa y directora Silvana Grill.
En un género que parece haberse acomodado mullidamente en lo conocido y establecido su hito en los años 40, sobre todo en lo concerniente a la danza, lo que propone la coreógrafa y directora Silvana Grill es una muy buena bocanada de aire fresco. Al frente de su compañía No bailarás -que no la incluye como bailarina-, eligió patear el tablero, con el repertorio, con los diseños de las danzas, con el vestuario; y aunque pueden encontrársele puntos flacos a este «Sin pecado concebido», sólo esas buenas intenciones lo hacen merecedor de la atención más esmerada.
Empecemos por la lista de temas. Hay piezas de autores y poetas jóvenes, no todos instalados de igual manera en el conocimiento público ni poseedores del mismo talento, pero todos, sí, curiosos e interesados por crear sobre los lenguajes del pasado. Y en una lista que incluye a Acho Estol, Angel Pulice, Manuel Moreti y Andrés Linetzky, hay que destacar muy especialmente los varios instrumentales de Ramiro Gallo y Luis Borda.
Sobre esos tangos, milongas, valses y alrededores, Grill armó coreografías en pareja, tríos o grupales, considerando a los seis bailarines como un cuerpo, sin dúos fijos -como es casi invariable en el tango- y mezclando los pasos tangueros con los de de la danza contemporánea. Tampoco el vestuario deja ver compadritos y percantas; por el contrario, los colores vivos y netos y los diseños modernos y a veces osados, muestran la buena intención de salir del encorsetamiento convencional.
Responsabilidad de cada compositor, los arreglos son interpretados por un quinteto que dirigió, también desde afuera y con profesionalismo, el violinista Ramiro Gallo. Y con algunos reemplazos en la función que vimos, el grupo respondió muy aceptablemente.
Enumerados los muchos méritos de «Sin pecado...», debemos decir que algunos cuadros bailados que deben ser técnicamente impecables para ser atractivos, mostraron errores, quizá producto de la falta de ensayos suficientes. También se notó ese problema en el cantante-otro reemplazo, en lugar del titular, Aureliano Marín- Hernán Lucero, serio en sus interpretaciones pero demasiado pendiente del «machete» con las letras. El espectáculo tampoco termina de cuajar del todo a la hora de la concepción teatral, y a veces no se sabe hacia dónde apunta. Por caso, un desnudo masculino puesto exclusivamente como escenografía, o el bis salseado con un tema de Andrés Calamaro -simpático en sí mismo-, parecen más golpes de efecto que piezas importantes en el total.


Dejá tu comentario