A pocos metros de un parque natural, no muy lejos del monte Madonia y a 120 kilómetros de Palermo, la capital de Sicilia, Gangi esconde verdaderos tesoros artísticos: baldosas del siglo XVIII, techos con vigas de madera, hornos antiguos de cal, frescos desteñidos, campanarios y antiguos palacios, además de un paisaje espectacular, que corta la respiración. Unas veinte casas están aún a la venta por un solo euro, mientras 300 se ofrecen a precios que oscilan entre 5.000 y 15.000 euros.
La original iniciativa, lanzada para frenar el declive demográfico de Gangi, con apenas 7.000 habitantes, y relanzar su economía, está obteniendo un notable éxito. Por caso, el director y productor de cine australiano Dominic Allen, de 33 años, es uno de los numerosos extranjeros interesados en comprar una propiedad en ese rincón tranquilo del Mediterráneo, inmerso en el verde esmeralda de sus colinas. "Por ese precio no podría comprar ni un box para el estacionamiento en mi país", comentó.
Entre los compradores figuran personas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Suecia, Dubái, todas interesados en aprovechar la ocasión para transformar palacios, casas y establos antiguos en residencias para el verano.
A su vez, para Cataldo Piazza, un siciliano de 83 años, ver las calles de Gangi llenas de gente, con turistas italianos y extranjeros, es una alegría. "Era triste cuando no había nadie", comentó.
Gangi tuvo un pasado más esplendoroso, pero cerca de 9.000 personas la abandonaron en los años 20 y tras la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos terminaron en la Argentina y Estados Unidos huyendo de la pobreza y las enfermedades.
En 1926, Cesare Mori, nombrado por Benito Mussolini y conocido como el "prefecto de hierro", desató una guerra frontal contra la mafia y organizó el asalto a Gangi, considerada el escondite de los criminales. Sus métodos brutales obligaron a muchos jefes mafiosos a emigrar a otras zonas e inclusive a Estados Unidos.
Pero el declive aumentó en las últimas décadas con el abandono de las viejas casas por otras nuevas, construidas en la periferia del casco histórico. La nueva e increíble oferta tiene condiciones: los compradores deberán restaurar las casas en un plazo máximo de tres años y mantenerlas con sus características originales, además de hacerse cargo del traspaso de la titularidad de la propiedad. Deberán depositar también 5.000 euros como garantía ante la alcaldía, una suerte de seguro.
Para el alcalde, Giuseppe Ferrarello se trata de un desafío, ya que la ciudad podría cambiar de rostro, convertirse en meta turística y perder el toque auténtico que ha conservado hasta ahora. "Queremos que los jóvenes no se vayan. Vamos a demostrar que se puede fomentar el turismo en Sicilia aun en medio de la crisis económica", aseguró.
La propuesta ha sido copiada por otras localidades italianas que como Gangi quieren conservar no sólo sus edificios sino también su cultura gastronómica, en tanto que otro gran atractivo local son los productos típicos, como el queso de cabra, respetan la cultura siciliana, compleja y diversa, gracias a la contribución de las diferentes culturas, -griegas, judías y árabe- que se establecieron en la isla en el transcurso de los dos últimos milenios.
| Agencia AFP |


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