24 de febrero 2016 - 00:00

Silvina Ocampo: sencillez que abre la puerta a lo desconocido

Silvina Ocampo: sencillez que abre la puerta a lo desconocido
Silvina Ocampo "Las invitadas" (Bs. As., Lumen, 2016, 316 págs.)

Para las vacaciones de invierno los padres de Lucio habían planeado ir Río de Janeiro. Pero justo cuando van a emprender el viaje Lucio se enferma de rubéola, y se quedará a cargo de la antigua criada que deberá prepararle una fiesta para él solo, porque cumplirá seis años y sus amiguitos no lo visitarán por miedo al contagio. Siguiendo las órdenes la criada, el día del festejo pone en la mesa una torta. Y cuando, al almuerzo, está por encender las velas, Lucio la detiene: a la hora del té llegarán sus invitados. La criada no le cree pero decide darle el gusto. Y a las cinco de la tarde llegan siete niñas impacientes acompañadas por su respectiva madre, y en poco tiempo convierten el lugar en un infierno. "Qué cumpleaños. ¡Dios me libre de otro igual!", piensa la criada, "¡las mujeres son peores que los varones!".

Cuando volvieron los padres no entendían de dónde habían salido esas invitadas, y "pensaron que su hijo tenía relaciones clandestinas, lo que era, y probablemente seguiría siendo, cierto. Pero Lucio ya era un hombrecito". De eso trata "Las invitadas" el cuento que da título al libro que reúne 44 relatos de Silvina Ocampo. Fue publicado en 1961 por Losada con un dibujo de Norah Borges en la portada. Uno de los primeros de admirarlo fue el hoy escritor y cineasta Edgardo Cozarinsky, que por entonces había comenzado a colaborar en esa editorial.

El cuento "Las invitadas" ilumina características centrales de la obra de Silvina Ocampo, autora que pareció haber sido opacada por la mayor de sus seis hermanas, Victoria Ocampo, por su marido, Adolfo Bioy Casares, y por el recurrente amigo de ambos, Jorge Luis Borges. Se dijo que Silvina imitaba los relatos de Borges. En realidad, como cuenta Bioy en su "Borges", Silvina lo enfrentaba, lo cuestionaba, se molestaba con las opiniones del autor de "El Aleph". A Borges seguramente no le hubiera interesado contar de la perversidad de la infancia (en ese tema Silvina se vincula con Cortázar), y acaso hablando de aquella fiesta infantil hubiera deslizado algún dato erudito que hiciera saber que esas chicas era dantescos emblemas de los siete pecados capitales, y un rito de pasaje (rubéola) a la adultez.

Los cuentos de Silvina Ocampo después de leerlos se llevan puestos, en su sencillez se abren a la complejidad, la superficialidad abre una puerta a lo desconocido. A Silvina Ocampo le basta con provocar el desconcierto en el lector, y hasta una sonrisa si es capaz de pasarse del lado de la criada. Están en "Las invitadas" algunos de sus temas habituales: "las relaciones clandestinas", la crueldad, el rol diferenciado de la mujer. Y también el amor incuestionado, la muerte, la locura, el humor, la realidad que se desliza en irrealidad. El escritor Enrique Pezzoni escribió que Silvina Ocampo desenmascara lo cotidiano "como manifestación de lo maravilloso, lo habitual como apertura a lo absoluto, el humor como vehículo al horror". Acaso lo clave de la obra de Silvina Ocampo es que es tan personal como inclasificable, que una vez que se acaba su relato se lo vuelve a leer para descifrar su enigma.

Luego de su muerte, en 1993, la consideración de su obra no ha dejado de crecer nacional e internacionalmente, instalándola como una de las grandes figuras de la literatura argentina del siglo XX. No sólo se recuperaron textos agotados, descatalogados, inhallables, sino que, dado que había dedicado su vida a la literatura, comienzan a publicarse, también, algunos de las numerosas obras inéditas, donde además de la extraordinaria cuentista, aparece la poeta, la traductora, la ensayista, y la pintora.

Máximo Soto

Dejá tu comentario