5 de septiembre 2012 - 00:00

¿Sincericidio o estrategia?: Obama se aplazó en economía

Barack Obama habló ayer en la Norfolk State University, ante un alumnado negro; es decir, demócrata.
Barack Obama habló ayer en la Norfolk State University, ante un alumnado negro; es decir, demócrata.
Charlotte y Washington - El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reconoció que su balance económico es «insuficiente», justo en momentos en que intentaba que la atención se concentrara en la Convención Demócrata de Charlotte, que culminará mañana con su consagración formal como candidato a la reelección.

Obama concedió el domingo una entrevista al canal KKTV de Colorado (oeste), que la difundió el lunes a la noche. Interrogado sobre la calificación que daría a su gestión de la economía, Obama respondió: «Diría que es insuficiente».

El presidente, en plena campaña de cara a las presidenciales del 6 de noviembre en las que se medirá a su rival republicano Mitt Romney, agregó de inmediato: «Las medidas que tomamos para salvar el sector automotor, para lograr que los estudios superiores sean más accesibles, para invertir en las energías limpias, son cosas que necesitaremos para el crecimiento a largo plazo».

El comando de campaña opositor aprovechó de inmediato la oportunidad para criticarlo.

«Tras cuatro años de presidencia, ¿es insuficiente? ¿El presidente le pide paciencia a la gente?», exclamó ayer el compañero de fórmula de Romney, Paul Ryan, a la cadena CBS.

«No se crean puestos de trabajo al ritmo que se debería, ni mucho menos», declaró Ryan, en sintonía con los comentarios de los republicanos sobre el desempeño de Obama en la economía del país.

El desempleo afecta actualmente al 8,3% de la población activa en Estados Unidos, contra un 5% antes de la recesión de 2007-2009, y la Casa Blanca no prevé que esta tasa -la nube negra del balance del mandato de Obama- caiga por debajo del 8% antes de las elecciones.

Esta controversia surge en momentos en que los republicanos insisten en repetir la incisiva pregunta que el republicano Ronald Reagan hizo a los estadounidenses en

la campaña de 1980 contra Jimmy Carter: «¿Su situación ha sido mejor en estos cuatro años?». Trazó entonces una comparación entre Obama y Carter con supuestos datos en la mano, que según medios norteamericanos, fueron erróneos con varios ceros de diferencia.

Obama, en tanto, se vio obligado a responder. «Quiero que todos entiendan que, en los próximos dos meses, en estos próximos 63 días, verán más anuncios negativos, más insultos y distracciones y más tonterías de las que jamás hayan visto», dijo ante más de 11.000 personas en la Universidad de Norfolk, Virginia, de mayoría afroamericana, en el marco de su segunda visita a ese estado clave desde la semana pasada.

Durante su discurso, Obama repitió sus advertencias de que esta elección presenta al electorado dos visiones muy distintas sobre el futuro rumbo de Estados Unidos: la que él ofrece para marchar hacia «adelante» y la de Romney, que, dijo, representa el pasado.

«En cada asunto, Romney y el congresista Ryan quieren llevarnos hacia atrás», argumentó el mandatario. «No daremos marcha atrás, iremos hacia adelante», prometió luego, tras reiterar su queja de que los republicanos han dedicado buena parte de sus discursos para culparlo por todos los males del país.

Mientras, en la Convención de Charlotte, la primera dama, Michelle Obama, se aprestaba anoche a usar todo su carisma en un discurso «personal y pasional» en favor de la postulación de su marido.

Antes que ella fue el turno de Julián Castro, el joven alcalde hispano de la ciudad texana de San Antonio, encargado de pronunciar el primer discurso central de la reunión, un hecho sin precedentes para un latino.

Los antecedentes de Castro, que buscó fidelizar el voto hispano, provocaron inevitables paralelismos con lo ocurrido con el propio Obama hace ocho años, quien, siendo entonces un senador bastante desconocido, brilló con su oratoria y se erigió ya entonces en un presidenciable de gran futuro.

Los paralelismos no terminan ahí. La vida de Castro, de 37 años, de origen humilde como nieto de inmigrantes mexicanos y cuyo hermano gemelo, Joaquín, que lo presentó anoche, aspira a su vez al Congreso, constituye en buena parte la encarnación del «sueño americano» con la que también juega Obama.

Agencias AFP, DPA, ANSA, EFE y Reuters, y Ámbito Financiero

Dejá tu comentario