9 de marzo 2012 - 00:00

“The Wall” en River: apoteosis tecnológica

Rogers Waters es la voz central de un megashow con explosiones, efectos de sonido, muñecos descomunales, una avioneta que se estrella contra el escenario y un helicóptero que busca «víctimas».
Rogers Waters es la voz central de un megashow con explosiones, efectos de sonido, muñecos descomunales, una avioneta que se estrella contra el escenario y un helicóptero que busca «víctimas».
Los nombres de los músicos y cantantes que integran la banda de Roger Waters en esta gira con la que está poniendo en vivo por todo el mundo la emblemática «The Wall» sólo aparecen, en boca del propio líder, sobre el cierre del show. Ni el programa de mano ni las gacetillas de prensa muestran interés por exhibir esos nombres. Y el asunto, más allá de cierta injusticia sindical, tiene su lógica. Es que este mega espectáculo, que tiene dos protagonistas prácticamente excluyentes -el propio Waters y su pared-, no deja lugar para mucho más. Al punto que eso que suena como una banda de rock sinfónico, como base para la voz central de Waters -o, eventualmente, del excelente Robbie Wyckoff- está visualmente tan alejado del público -a veces, inclusive, tapado por el muro- que hasta podrían ser una pista pregrabada sin que nadie tuviera la posibilidad de notarlo.

Apenas en la voz solista de Wyckoff, en algún solo pirotécnico del guitarrista evocando a David Gilmour, de Pink Floyd, o en el final, cuando todos pasan al frente portando instrumentos acústicos y haciendo en un coro masculino «Outside the Wall» -con la curiosidad de que Waters suma una trompeta a su repertorio-, ese grupo de músicos adquiere una categoría más humana y da un aire de concierto a lo que es, básicamente, un mega show.

Porque «The Wall» es precisamente eso. Un espectáculo multimedia que incluye explosiones, efectos de sonido, muñecos inflables de tamaño descomunal -el maestro, Pink, el chancho que termina destruido sobre el campo-, una avioneta que se estrella contra el escenario, un helicóptero que parece buscar víctimas entre la multitud, imágenes trabajadas maravillosamente y con estética de video-clip y la pantalla/pared/protagonista que se lleva, inevitablemente, la admiración y el comentario de los presentes.

La tecnología hace posible hoy que objetos que parecen ser ladrillos, y que son parte constitutiva de ese muro, entren y salgan de escena, formen diferentes huecos para ver a los músicos, se abran para mostrar una suerte de living o se cierren dejando un afuera y un adentro aprovechado plásticamente. Lo impactante es que esos ladrillos son, apenas ingresan a la pared, parte de una pantalla, con dimensiones y un formato apaisado y extendido jamás vistos, que enloquece al ojo, muy especialmente en la primera parte cuando el efecto sorpresa colabora en la admiración.

En lo musical, el asunto es conocido. Waters es la voz central para canciones que hacen parte de una obra conceptual que tiene momentos excelentes -«Mother», «Run Like Hell» o los leit-motiven «In the Flesh» y «Another Brick in the Wall»- y otros que tendrían dificultades para sostenerse como temas individuales. Conocer de antemano la película y la obra musical -el disco fue lanzado en 1979; el film de Alan Parker en 1982- puede colaborar a medias en la apreciación de este «The Wall» modelo 2012.

Hay temáticas e imágenes que se repiten -los martillos nazis marciales, los niños del coro escolar, la animación del sexo entre flores, etc.- y otras evocaciones que hablan de tiempos posteriores -como el atentado al subte de Londres-. Todo «The Wall» conlleva un lenguaje pacifista que pone en serie a Turquía e Israel. Cuesta más creer la crítica al imperialismo -con referencias a empresas como Shell o McDonalds- frente a un show que cuesta millones de dólares mostrado frente a públicos que pagan fortunas para presenciarlo.

En resumen. «The Wall» es una experiencia interesante si se tiene el dinero necesario como para pagar el alto costo de las entradas. El show se come al concierto y no es justamente lo que buscaría un amante del rock más salvaje. La tecnología ocupa un lugar tan destacado que por muchos momentos termina siendo protagonista excluyente. Waters está en excelente forma y canta muy bien aquellas viejas canciones. La banda, a la vista o escondida, en vivo o en pista pre-editada, cumple a la perfección con un sonido que no tiene la menor fisura. Y el más brillante trabajo de marketing que haya conocido la industria cultural en nuestro país, termina cerrando con nueve fechas y un récord que costará mucho romper.

*»The Wall». De y por Roger Waters (voz, bajo, trompeta, guitarra). Con Graham Broad (batería), Dave Kilminster (guitarra), G.E. Smith (guitarra), Snowy White (guitarra), Jon Carin (teclados), Harry Waters (teclados), Robbie Wyckoff (voz solista), Jon Joyce (coros), Mark Lennon (coros), Michael Lennon (coros) y Kipp Lennon (coros). (Estadio River, 7 de marzo; restan otras 8 funciones desde hoy hasta el 20/3).

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