12 de marzo 2012 - 00:00

Todas las épocas de Gabriela Torres

Presentación de «Ningún lugar». Gabriela Torres (voz, guitarra). Con L. Volcoff (piano, guitarra, coros, dir. musical), M. Garrammone (bajo, acordeón, cavaquinho, pandeiro, berimbao) y J. Francisconi (batería, percusión). Invitados: S. Corizzo y D. Chávez (voz), P. Serniotti (guitarra), S. Martínez (violín) y P. Giménez (trombón). (Café Vinilo, 9 de marzo). 

La cantante y compositora se mueve entre el tango y el rock, entre el pop y la canción urbana, entre la temática amorosa y las reflexiones filosóficas, entre la poesía profunda y la sencillez del entretenimiento más superficial. Después de muchos años sin grabar, ha vuelto con un disco que tiene muchos temas propios, varios de ellos compartidos con su director musical Luis Volkoff.

En sus comienzos a mediados de los 90, estuvo más asociada al pop y al rock, luego hizo un fuerte viraje hacia el tango y la milonga, especialmente cuando dejó grabadas una serie de composiciones originales en esos estilos escritas por Adrián Abonizio sobre músicas de Lito Vitale y Lucho González. De algún modo, se podría pensar que su nuevo trabajo, más baladístico aunque siempre muy urbano, da unos pasos hacia aquel pasado más lejano. Sin embargo, no sólo porque su presentación en vivo determinó la inclusión de piezas de diferentes épocas sino también por cierto aire claramente rioplatense, este «Ningún lugar» viene a funcionar como una buena síntesis de toda su historia.

Además de presentar de manera integral el material nuevo, Torres volvió sobre el viejo tango de su padre Hipólito , «Para ganar el cielo»: piezas de la mencionada tríada compositiva como «Volver con sol», «Amor y espanto», «Grafiti de las almas»: o sobre clásicos tangueros («La luz de un fósforo», «Maquillaje», «Milonga sentimental») que siempre interpreta de manera original.

Básicamente, la respaldó un cuarteto popular de formación clásica, con piano, guitarra, bajo y batería. Pero, en verdad, una instrumentación variada hizo cambiar la cantidad de cuerdas, entrar y salir violines, acordeón y trombón, incorporar dos cantantes haciendo coros, jugar con la percusión de apenas dos panderetas -en buena versión de la clásica milonga de Sebastián Piana y Homero Manzi-, usar su guitarra como único acompañamiento, o tener como invitado al bajista Marcelo Torres para compartir una también muy lograda interpretación de «Maquillaje».

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