2 de mayo 2012 - 00:00

Un cóctel al nivel de Eco

Un cóctel al nivel de Eco
Jed Rubenfeld, «La pulsión de muerte» (Bs.As., Anagrama, 2012, 493 págs.) 

«Best seller de calidad» es el calificativo del que abusan los críticos literarios de España. El modelo de referencia suele ser «El nombre de la rosa» donde se unen elementos históricos, intriga, referencias culturales, relaciones con inquietudes actuales, y una evidente jerarquía intelectual y de escritura. Pocos novelas alcanzan ese prodigioso cóctel con el nivel logrado por Umberto Eco. Las que viene publicando el estadounidense Jed Rubenfeld pertenecen perfectamente a esa categoría, y sobre todo «La pulsión de muerte», segunda entrega de la saga que une en sus aventuras a Jimmy Littlermore, capitán de la policía de Nueva York, con Stratham Younger, médico discípulo de Sigmund Freud.

Todo ocurre a comienzos del siglo XX, y si la primera aventura («La interpretación del asesinato») ocurría en una Nueva York que era visitada por Freud, quien ayudaba a su discípulo y a su amigo detective a resolver el caso de un asesino serial, en ésta la poderosa intriga lleva de Nueva York al consultorio de Freud en Viena, luego a Praga y a París, para cerrar el períplo en el lugar de partida.

Todo parte de un hecho real. El 16 de septiembre de 1920, a las 12:01, estalla un coche bomba en Wall Street frente a las puertas del banco de J.P. Morgan, muy cerca del edificio del Tesoro de los Estados Unidos. Hay 38 muertos y centenares de heridos. Todo parece remitir a lo que 81 años después ocurriría un 11 de septiembre en lo que hoy se llama la zona cero de Nueva York. Aquel fue también un atentado terrorista, pero que se adjudicó a anarquistas italianos, y cuando se sindicaba como autores a los mexicanos, se trató de un modo de poder hacerse del petróleo del país cercano. Porque el petróleo también mueve esta historia, como el oro y otros elementos crematísticos.

La historia real muestra que nunca se logró determinar quiénes habían sido los causantes del atentado. Acaso porque como señala Rubenfeld «a los estadounidense no les gusta meterse a investigar realmente su pasado», pero él lo intenta en esta novela. Y allí están sus protagonistas el honrado policía Littlermore y el psicoanalista Younger, perdidamente enamorado de la feminista francesa Colette, colaboradora de Marie Curie, y su hermano con neurosis de guerra que ayudará a curar Freud. Los nuevos Sherlock Holmes y Dr. Watson están dispuestos a investigar y descubrir las fuentes del terrorismo, aunque para eso tengan que meterse en las cloacas del poder, enfrentar a magnates inescrupulosos que tratan de corromperlos, descubrir intrigas internacionales, observar las alianzas de las grandes fortunas capaces de realizar robos, y ante una debacle que hace cerrar fábricas, pasearse a desesperados y hambrientos, y que tras una temporada de «años locos» acabará en el crack del 29 y la feroz crisis posterior.

Una de las cosas que Littlemore y Younger descubren es la pulsión del ser humano a buscar la destrucción. El autor, que, además de novelista, es uno de los mayores constitucionalístas de Estados Unidos y profesor de Derecho en Yale, ha dicho que «a diferencia de la Segunda Guerra , en que hubo una justificación en la lucha de bien contra el mal, en la Primera no la hubo. Fue un sinsentido en el que murieron millares de personas; la gente quiere matar, quiere correr riesgos con su propia vida, y Freud fue uno de los pocos pensadores que marcaron este hecho, comprendió que con la teoría de la sexualidad no explicaba todo esto, entonces postuló la atracción de la gente por la muerte y por arriesgar la propia vida, algo que aún nos impregna, y que me llevó a dar a esta novela el título que tiene». Y que es, entre otras muchas cosas, un thriller trepidante que lleva a pasarse en una montaña rusa narrativa.

M.S.

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