25 de septiembre 2013 - 00:06

Un relato perturbador entre Kafka y Beckett

Un relato perturbador entre Kafka y Beckett
Nina Jackle "Zielinski" (Rosario, Editorial Serapis-Goethe Institut, 2013, 158 págs.)

"Uno se acostumbra a todo con sólo dejarlo persistir el tiempo suficiente", piensa Schoch, un hombre de 45 años, que por fin se ha tranquilizado, que ha acallado su furia con la vecina, que apenas si se mueve de su departamento de dos ambientes Un día irrumpen allí unos obreros llevando maderas a la más grande de las habitaciones. Uno de los hombres le entrega una carta que dice: "No se preocupe por nada, cordiales saludos, Zielinski".

Los obreros se quedan trabajando a puerta cerrada. Cuando terminan, después de unos días, han limpiado el cuarto de cosas, y han construido una enorme caja de madera que llega hasta el techo, y ocupa la mitad de la habitación. Tiene el interior forrado de terciopelo azul. Sólo hay una silla y, colgando del techo una araña. Hay una puerta en un costado, que permite entrar y salir de la caja., a su lado una placa con el nombre Zielinski, y un timbre. El lugar esta vacío, pero la mañana siguiente se escucha que allí adentro Zielinski arrastra su silla por el parquet. Eso pone furioso a Schoch. Da por sentado que el intruso se ha instalado. Deja de ir al trabajo para quedarse en su casa. No le importa que lo echen. Deja de atender el teléfono. De pagar la luz.

Un día Zielinski le permite pasar, y cuando él le pregunta: "Qué quiere aquí, a qué se debe esa naturalidad con la que está ocupando mi casa, quién es en realidad, quiero saber". Zielinski le contesta: "Nada es importante saber, y la próxima vez, cuando le pida que venga, coloque su silla un poco más lejos de mí, muchas gracias". Cuando más adelante vuelva a preguntarle por qué lo ha elegido para convivir, Zielinski le dirá: "porque usted es el adecuado, eso es todo".

Esta notable novela sumerge al lector en un mundo perturbador, que lo deja impregnado por largo tiempo. Una de sus riquezas está en las diversas interpretaciones que permite con su poesía lacónica y desgarradora. Con palabras simples y fuertes, contando de pequeñas circunstancias de la vida cotidiana que se vuelven simbólicas, señalando la indolente desesperación de la gente que está sola.

Se puede pensar que lo que sufre Schoch es una alucinación, que la autora ha querido llevar a conocer el tránsito por uno de los muchos senderos que arrojan en la locura. Pero Schoch dialoga con Zielinski, lo escucha, lo huele, lo siente y lo presiente. ¿Es que los diálogos son sólo consigo mismo, y ha lanzado de su interior un fantasma para poder tenerlos? Acaso Schoch ve que se desliza hacia el desquiciamiento y siente que no puede ya refrenarse. Es una de las varias lecturas posibles. Veamos otra.

El intruso le ha caído a Schoch en una caja de regalo. Es alguien que vive encerrado en un monoambiente. Es un espejo. El dueño de casa lo tolera. Y cuando se tolera una intrusión, cuando no se dice nada, cuando se acepta sin discusión, finalmente lo que en un principio parecía extraño se vuelve normal, común y corriente, y eso es terrible. Es la alineación de la existencia urbana. "No somos otra cosa que pequeños engendros de la estupidez residiendo en nuestras cajas". Y uno se acostumbra a todo con sólo dejarlo persistir el tiempo suficiente. Y en eso está el triunfo de los autoritarismos. Y para la escritora alemana Nina JTMckle "el modo en que atrapan los sistemas religiosos, políticos y sociales". Desde esa perspectiva Zielinski es el poder, un poder amable que se adueña de los lugares que son de uno, que hasta parece dialogar y no molestar demasiado.

En su novela "El instante elegido" (aún no conocida en español; "Zielinski" es la primera en traducirse) JTMckle escribe "es horrible a lo que uno se somete con tal de conseguir una felicidad imposible". Las fuertes imágenes ofrecidas por Nina JTMckle en esta novela, con su enorme carga simbólica, remiten indiscutiblemente a las extraordinarias obras de Franz Kafka ( y por tanto a los cuentos jasídicos, a los relatos zen, a las historias sufis) y a las geniales de Samuel Beckett, este libro podría pensarse como una obra de teatro en la línea dramática de una infratragedia, que es la tragedia devaluada que conviene a los tiempos sin héroes épicos.
M.S.

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