26 de mayo 2015 - 00:00

Un tour en prisión, ¿cura contra la corrupción china?

Pekín - Pasar un día entre rejas se convirtió en la enésima estrategia de la campaña anticorrupción del Gobierno chino, que obliga a sus funcionarios a visitar las cárceles para advertirles de las potenciales consecuencias de sus actos.

La Comisión Central de Inspección y Disciplina, el brazo anticorrupción del Partido Comunista Chino (PCCh), organiza visitas a prisiones para altos cargos y sus cónyuges en las que pueden encontrar a antiguos colegas condenados por prácticas corruptas.

El objetivo, según anunció el organismo en un comunicado difundido por la prensa oficial china, es que los servidores públicos "sean conscientes" de los castigos que supone la corrupción, "que ejerzan sus poderes correctamente y que sean receptivos a la supervisión del Partido".

Las autoridades anticorrupción chinas llevaron en los últimos meses a empleados de varios ministerios a las cárceles y, en otros casos, prepararon visitas exclusivamente de cónyuges de funcionarios, para que transmitan a sus parejas la importancia de evitar estas prácticas.

Tras visitar las celdas, la amenaza de la cárcel es percibida como más cercana y, por el momento, la experiencia no está dejando indiferentes a los trabajadores del sector público. "A los funcionarios y sus esposas les impactó mucho, a primera vista, observar lo horrible que es perder la libertad y el prestigio, pero pienso que a los más jóvenes les impresiona más que a los que llevan muchos años", explicó un funcionario chino que prefiere ser identificado sólo por su apellido, Wang.

Sin embargo, otra funcionaria de 25 años que empezó su carrera profesional hace casi dos considera que estas visitas sí funcionan como señal de advertencia, pero que son "como un espectáculo" y que "no hace falta utilizar esa manera radical".

Wang recuerda que todos los empleados públicos tienen que participar obligatoriamente en un programa de formación básica sobre las leyes chinas. "Creo que este programa es el que desempeña el papel principal en formar a los funcionarios para que se porten bien", añade .

Con las nuevas visitas a prisión, la lucha contra la corrupción que abandera el presidente chino, Xi Jinping, adquiere una nueva dimensión, porque se extiende a funcionarios sobre los que no se tienen sospechas. "La corrupción no sólo se debe castigar: prevenirla es aún más importante. No sólo hay que llegar al efecto de no atreverse a ser corrupto, sino también crear una conciencia para no querer serlo", publicó ayer el Diario del Pueblo, voz del PCCh, en un editorial en el que pide más "firmeza" para eliminarla de raíz.

Desde el ascenso al poder de Xi, tras el relevo en la cúpula del PCCh y del Gobierno, entre finales de 2012 y principios de 2013, China emprendió una infatigable campaña anticorrupción que abrió investigaciones sobre un centenar de importantes dirigentes.

Sólo el año pasado, más de 4.000 altos cargos de la burocracia china fueron procesados por corrupción, mientras que a la espera de juicio se encuentra el exministro de Seguridad Pública Zhou Yongkang, la víctima más ilustre y simbólica de esta campaña. El afán de limpieza de las prácticas corruptas del Gobierno, en todo caso, no se limita al ámbito político, ya que ahora llegó hasta el todopoderoso Ejército chino -su ex número dos Xu Caihou, fallecido en marzo, cayó en desgracia tras protagonizar uno de los mayores escándalos de la historia del país- y las empresas estatales.

Agencia EFE

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