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Unidad o colectoras, orden de Cristina al PJ
Carlos Verna
Carlos Verna escuchó, rumió una reserva y regresó a La Pampa a palpar voluntades y posibilidades. Una semana y media después, volvió a verse con la Presidente: mostró un acuerdo global, con él como candidato a gobernador y el compromiso de compensar a las demás tribus.
Cristina de Kirchner bendijo el plan. Antes del 26 de mayo, cuando vence el plazo para la inscripción de listas, dará el visto a la letra chica cuando Verna, antiguo compañero del Senado, presente el dibujo final: los imanes son la vice y el primer diputado nacional.
La Presidente ejerció, en el caso pampeano, una tarea que antes ejecutaba Néstor Kirchner. Lo hizo, es cierto, en Catamarca y en Chubut, pero en esos casos completó los ciclos que dibujó su marido. En La Pampa, apostó distinto: reclamó unidad o amenazó con la dispersión.
El mensaje fue bien leído: con varias colectoras -una de ellas para Juan Carlos Tierno, que quedó ahora silvestre-, Cristina de Kirchner hubiese juntado más votos que con una sola lista. Pero ofreció «perder» adhesiones, a cambio de que el PJ se una y garantice la victoria en la provincia.
Esa intervención, que permitió que Verna y Rubén Marín desistan de enfrentarse, alumbró una certeza: la Presidente seleccionará, según su criterio, al candidato a vice o, más probablemente, al primer diputado nacional para ampliar el bloque K en el Congreso nacional.
Para el primer casillero, Verna quiere a su exvice, la marinista Norma Durango, pero ésta se niega. Marín oferta, entonces, a Mariano Fernández y a Miguel Tanos. Media Juan Abdo, que se instaló en estos años como tercera vía entre Verna y Marín y porta el sello K.
Con ese antecedente, Abdo rankea como cabeza de la lista de diputados nacionales porque, además, tiene buena relación con La Cámpora que desembarcó, la semana pasada, en La Pampa a través de Eduardo «Wado» Del Pedro y de Andrés «Cuervo» Larroque.
Luego de filtrar, entre otros destinos, diputados en Mendoza y al vice en Tierra del Fuego -Roxana Bertone, dicen en Casa Rosada, supera por un 15% en intención de votos a Fabiana Ríos-. El fin de semana, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, paseó por zona fueguina el respaldo a la postulante kirchnerista -La Cámpora podría «cobrar» también en La Pampa a través de Abdo-. Simple: de tres sillones deseables a repartir, uno tendrá ADN K.
Además, la juventud camporista se quedaría con una banca provincial. Aunque el mandato de Olivos es «blindar» las boletas nacionales: Cristina de Kirchner le avisó a Verna que quiere que el diputado nacional por La Pampa tenga inocultable empatía con la Casa Rosada.
Es un reflujo de la crisis del campo cuando buena parte de los legisladores del interior, entre ellos Verna, rompió su alineamiento con el Gobierno en medio del conflicto por la 125. El candidato quiere, a su vez, que la figura que bendiga Cristina no inquiete su eventual futuro mandato.
El tironeo por la vice entre Marín y Verna puede parir una crisis. A pesar de las señales pacíficas de Cristina de Kirchner, la Casa Rosada pone el ojo en un riesgo potencial: que en busca de un acuerdo local, los dos caudillos del PJ pampeano se quieran quedar con la butaca del diputado nacional.
En Balcarce 50 avisan que Cristina de Kirchner no aceptará que le impongan ese nombre -que será quien figure a su lado en la primaria del 14 de agosto- y deslizan que, llegado el caso, podría desempolvar las colectoras o patrocinar una lista puramente K para la primaria en el renglón de legisladores.


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