“Ciudad de los inmortales”. Según las visiones de Gabriel Barna.
La semana pasada en la sede recién restaurada del Banco Ciudad de la calle Florida, los artistas Sara Facio, Gabriel Barna, Mariano Cornejo, Gabriela Aberastury y Norma Bessouet presentaron junto a María Kodama las obras inspiradas en el "Universo Borgeano". La exposición, coordinada por Norberto Frigerio, llegará al Instituto Cervantes de Nueva York el 15 de diciembre y se exhibirá durante un mes. El Instituto Cervantes celebrará entonces el 25° aniversario de la fundación de su biblioteca llamada Jorge Luis Borges con una conferencia de María Kodama. Los neoyorquinos tendrán así su regalo de Navidad.
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La muestra se basa en la diversidad, no sólo reúne a cinco artistas que trabajan diferentes técnicas, sino que además se expresan con distintos estilos, todos con el afán común de acceder al mundo del escritor. El soporte teórico de la exhibición está a cargo del propio Borges en un catálogo que recopila sus escritos sobre las artes visuales. Su relación con los artistas, primero con su hermana Norah, luego con Figari, Xul Solar y Pettoruti, entre otros, le aportó conocimientos suficientes para relatar la lucha entre dos pintoras y la pugna estéril entre la figuración y la abstracción.
Pero la complejidad del pensamiento de Borges dificulta la interpretación literal de sus dichos. Por un lado plantea los límites de "un escritor para quien el mundo visible no existió nunca" aunque ha "admirado mucho" a Tiziano o a Rembrandt, a "algunos pintores expresionistas alemanes", y lo han "conmovido ciertos vastos y vagos oros de Turner y ciertos firmes y casi inexplorables grabados de Durero y de Piranesi". Pero por otro lado confiesa: "La verdad es que nunca me he sentido muy atraído por las artes plásticas". No obstante, la aguda percepción de sus sentidos se advierte cuando habla de la circularidad del Museo Guggenheim. "Yo por aquel entonces estaba casi ciego, pero un ciego también ve", aseguraba a sus 83 años.
Entre tanto, sus impresiones sobre los grabados de Piranesi, artista que conoció a través de Thomas de Quincey -quien a su vez y según cuenta Borges, los conoce a través de Coleridge-, revelan el modo tan especial y borgeano de relacionarse con la imagen a través de las palabras.
En la muestra actual se destacan, en primer lugar las imágenes de Facio tomadas en la Biblioteca Nacional, la estilizada y potente ferocidad de los tigres tallados en madera por Cornejo y, las visiones de Barna, que deja volar su imaginación y traza las ruinas de "El inmortal", donde el tribuno confiesa que sólo se detiene "para torpemente sollozar de felicidad".
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