7 de diciembre 2011 - 00:00

Vaca loca amenaza a Haendel

Emanuela Vozza, del movimiento que se propone salvar la producción de instrumentos de época, cuyas cuerdas se fabrican con tripa vacuna.
Emanuela Vozza, del movimiento que se propone salvar la producción de instrumentos de época, cuyas cuerdas se fabrican con tripa vacuna.
Cremona, Italia - A primera vista, la cuestión parece tan insólita como rayana en lo kafkiano: el exquisito mundo de los instrumentos de época comienza a sufrir los efectos del «mal de la vaca loca» y sobre todo de las consecuentes medidas adoptadas en Europa por los gobiernos en general, sin contemplación de casos particulares. El tema, lejos de una broma, es una realidad tan acuciante que se libra en estos momentos una batalla (con algunas victorias conquistadas) por la supervivencia de los fabricantes de cuerdas de tripa (de vaca), amenazados por los decretos sanitarios relativos a la comercialización de productos que puedan estar afectados por la Encefalía Espongiforme Bovina (EEB).

Hace algunas semanas la situación había llegado a una gravedad extrema al anunciar Mimmo Peruffo, titular de Aquila Corde Armoniche, el cese de su producción, como ya lo había hecho el año pasado otra importantísima hacienda «cordaia», Sofracob (Francia).

Contra la opresión burocrática a un oficio con una tradición de varios siglos que evidentemente no implica un riesgo para la salud de nadie, un grupo de artistas, artesanos y otras personalidades vinculadas al mundo de la música inició un movimiento llamado «Salviamo le corde di budello» («Salvemos las cuerdas de tripa»), con cientos de adeptos en su página en Facebook.

Esta importante iniciativa es la responsable de dos peticiones: una destinada al gobierno de Italia, que recogió más de 1000 firmas y que logró, junto con un bombardeo de e-mails al Ministerio de Salud de ese país, la derogación de las restricciones (importación de tripa y prohibición de producirla en Italia), y la consiguiente vuelta a la actividad de Aquila Corde; ahora sus acciones apuntan al Parlamento Europeo, comprendiendo una petición destinada a ese organismo que cuenta con casi 2500 firmas, entre las que se cuentan las de numerosos e importantes actores del ambiente musical.

Con el objeto de concientizar a los políticos sobre un tema que afecta más allá de lo pensable, un diputado, Niccolò Rinaldi, presentó en estos días una interrogación al Parlamento Europeo, uno de cuyos párrafos menciona a nuestro país: «Las fábricas de este producto europeo e italiano de excelencia fueron durante años duramente penalizadas (...), tanto que hoy perviven muy pocas en el territorio comunitario; tras la quiebra de la última hacienda argentina productora de materia prima (la Argentina es un estado libre de EEB), las fábricas se encuentran en una emergencia que pone en serio riesgo los puestos de trabajo no sólo en el sector productivo sino en todo el floreciente campo de la música antigua».

Emanuela Vozza, una de las representantes del movimiento mencionado, explicó a este diario que «mientras la Unión Europea emite reglamentos que cada tanto son actualizados según las exigencias que van surgiendo poco a poco. Italia ya recibió el último, de 2009, en tanto que los demás países se basan todavía en el anterior, de 2002. Se ve entonces que no hay una unidad legislativa sobre todo el territorio en lo que respecta a la actividad de los fabricantes de cuerdas de tripa, y que hasta ahora Europa carece de medios para reconocerlos y defenderlos en tanto que patrimonio comunitario de altísimo interés. Por esta razón cada cordaio debe arreglárselas con su país, sin ninguna posibilidad de ser protegidos y reconocidos desde una instancia superior. Pero siendo tan pocos no tienen ningún peso político: por tal causa durante años las fábricas han cerrado sin que nadie se preocupara».

Respecto de la cantidad de productores del rubro, Vozza contó: «Los maestros fabricantes de cuerdas de tripa verdaderos, que siguiendo la antigua tradición se dedican a la construcción de cuerdas de tripa para instrumentos antiguos, son sólo cuatro en todo el continente, y de ésos dos están en Italia (uno de ellos es Mimmo Peruffo). Obviamente en esta cuenta no se puede incluir a los fabricantes improvisados, o los que hacen cuerdas de tripa de manera artesanal, pero ignorando los fundamentos de este arte; tampoco las grandes fábricas que producen cuerdas modernas de tripa, que nada tienen que ver con la tradición. Por eso hablamos de la fragilidad estructural de todo el sistema de cuerdas para la música antigua, y que esta extraordinaria y gran tradición pende hoy de cuatro hilos».

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