27 de abril 2016 - 00:00

Vargas Llosa liviano y previsible

Vargas Llosa liviano y previsible
Mario Vargas Llosa, "Cinco esquinas" (Bs. As., Alfaguara, 2016, 316 págs.).

El inicio de una relación sexual entre Marisa y Chabela, dos amigas treintañeras de la clase alta limeña, promovida por el toque de queda de los finales de la dictadura de Alberto Fujimori, el terrorismo de Sendero Luminoso, y la ausencia de los respectivos maridos de esas bellas señoras. Hay una amistad entre esos esposos, el ingeniero Enrique Cárdenas, uno de los "dueños del país", y su prestigioso abogado Luciano Casasbellas, que preferirían vivir en Panamá, lugar de fructíferos negocios, o en sus departamentos de Miami. La revista de chismes faranduleros Destapes, dirigida por Rolando Garro, que se dedica a destruir imágenes de artistas y políticos, pasará a hacerlo con empresarios, comenzando por la extorsión del ingeniero Cárdenas a partir de fotos de su participación en una orgía. Una periodista que de la nada, de ser manipuladora de escándalos, trasmuta y se vuelve reivindicadora de la libertad de expresión, denunciadora de las tropelías, crímenes y corrupciones del poder. Y a recordar lo que fue el Gobierno de Fujimori y su siniestro jefe del servicio secreto, Vladimir Montesinos, en el momento en que Keiko Fujimori es candidata a la presidencia del Perú. De esas cinco esquinas parte Vargas Llosa, entrecruzándolas, utilizando como escenario del decadente barrio limeño Cinco Esquinas.

Luego de haber recibido en 2010 el Premio Nobel de Literatura, el gran escritor peruano pareciera haberse tomado un largo recreo y dedicarse a publicar obras menores, livianas, modestamente entretenidas; la primera fue "El héroe discreto", también en el ámbito de la clase alta limeña. Novelas que hacen extrañar obras de temas semejantes que escribió en el pasado, por caso las eróticas "Elogio de la madrastra", "Pantaleón y las visitadoras" o "Los cuadernos de don Rigoberto". La relación lésbica entre Marisa y Chabela es un gancho fuerte para iniciar la novela, y podría haber sido un relato para la revista Playboy. Saltando las páginas se la puede seguir, creciendo en tensión amorosa, hasta que se abre a la participación de uno de los cónyuges, y tiene un final de potencial ampliación del triángulo, que el autor titula "¿Happy end?", pensando acaso en una continuación orgiástica en Miami.

El intento de extorsión del periodista amarillista al ingeniero poderoso, que con su asesinato hace devenir el relato en thriller, tiene mucho de caricatura, resulta banal e inverosímil. Tan inverosímil como esa notera que habiendo llegado a directora de la revista Destapes decide jugarse la vida con una denuncia contra el régimen (mejor es volver a "La fiesta del Chivo"), de la que sale fortalecida y conductora de programas políticos de televisión. Vargas Llosa (que dice extrañar la "literatura comprometida") quiere denunciar a través de ella la manipulación de la prensa, sin notar que ella manipula la realidad exaltando a su corrupto jefe.

El último de los miembros del boom que se pasea por el mundo, que es capaz de deslumbrar con su estilo y ritmo en el capítulo "Un remolino", ha decidido evitar toda complejidad, hacer que el lector sea arrastrado por un relato divertido y absolutamente previsible al que lo han acostumbrado los best sellers de sexo, policial y guiños políticos en un ambiente high class.

Máximo Soto

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