29 de septiembre 2015 - 00:03

Villarino, el rey de la fuga que enfrentó a Meneses

 Fue considerado el delincuente más famoso de la historia criminal argentina. Se llamaba Jorge Eduardo Villarino y le decían "El Rey de la Fuga". Fue el personaje que, hasta en historietas, se enfrentaba con el legendario comisario Meneses. Pero terminó muriendo preso en una cárcel de Italia, donde lo enterraron con un nombre falso, en 1999.

Nació el 19 de junio de 1931 en San Telmo. Sus padres eran Jesús Villarino e Inés Guimarei y tenía cinco hermanos, dos varones y tres mujeres y ninguno tuvo el más mínimo vínculo con el delito. Salvo Jorge, que quiso ganar plata fácil. Su primera actividad fue el contrabando.

El padre le había comprado un camioncito de reparto con el que llevaba mercadería al puerto; al regresar, lo usaba para ingresar cigarrillos y whisky de contrabando. Pero fue más allá y comenzó a cometer robos a mano armada. En muy poco tiempo cometió 14 asaltos, lo que lo hizo muy conocido en el mundo del delito. Por entonces, en la década del 50, le decían "El Intelectual del Hampa" o "El Rey del Boleto".

Esos robos planeados hasta el más mínimo detalle lo hicieron famoso, pero también lo llevaron a la cárcel. En 1958 cayó preso y lo mandaron al complejo carcelario de Villa Devoto, de donde se escapó y comenzó a tejer el mito del hombre que podía fugarse de cualquier lado.

La libertad le duró poco; unos cuarenta días después cayó nuevamente preso. Y los diarios informaron cómo había sido atrapado el delincuente Villarino. Pero tiempo después sería nuevamente noticia: en mayo de 1960 se escapó de Caseros.

Villarino fue rápidamente capturado por una comisión de la Federal que comandaba el comisario Evaristo Meneses. Es más, había sido ese célebre comisario el que lo había llevado a prisión por la seguidilla de asaltos. Meses después, volvería a las tapas de los diarios. Se escaparía por tercera vez, pero en esta oportunidad de la Penitenciaría Nacional de avenida Las Heras. Su vida siguió con una fuga a Brasil, donde finalmente lo atraparon y lo enviaron a la Argentina. Aquí lo condenaron a 20 años de cárcel por las fugas y los asaltos.

En prisión, dejó por un tiempo los asaltos y se mudó a otra rama del delito: el narcotráfico. En la cárcel conoció a François Chiappe, un mafioso europeo que lo introdujo en su organización. En noviembre de 1976, en plena dictadura, Villarino tuvo un beneficio y fue liberado. Se marchó a Europa y trabajó para la mafia.

Pero volvería a prisión, en España. En 1986 fue condenado a 26 años de cárcel por asesinar a un policía en un asalto en una joyería de Valencia. En marzo de 1997 fue excarcelado. Era un hombre grande, pero que no conocía otra forma de vida más que la del delito.

Ese fue el momento en el que el más famoso asaltante argentino decidió regresar a Buenos Aires. Poco a poco, comenzó a formar una banda para traficar drogas a Europa, lo que fue detectado y se abrió una causa penal que manejó el juez federal Canicoba Corral. En las escuchas quedó registrando dando órdenes para enviar un cargamento.

Pero Villarino seguía siendo el rey de la fuga. Cuando le dictaron la orden de captura, el viejo pistolero había escapado con nombre falso y disfrazado a Uruguay y, desde allí, voló a Italia.

Sin dinero y con su familia en Francia, armó una banda para cometer un asalto en Milán. Pero los agentes de la Policía Federal que descubrieron el nombre que usó para fugar del país les habían avisado a sus pares italianos sobre la presencia del exconvicto. Lo detuvieron y, en 1999, murió en una prisión italiana.

Dejá tu comentario