- ámbito
- Edición Impresa
Volumen con productividad, un desafío del sistema financiero

Devaluación, fuerte suba de tasas de interés y fallo adverso en el juicio con los holdouts fueron el trasfondo de un primer semestre malo para la economía y para los bancos en términos de la intermediación financiera tradicional (no así en lo que respecta a la rentabilidad), dado que no pudieron ayudar a la actividad económica a través de la variable crédito.
En el segundo semestre, luego de un comienzo algo agitado por la incertidumbre generada por escalada en el conflicto entre el Gobierno nacional y los fondos buitre, las aguas se fueron calmando. Así, llegamos a un cierre de año con menores expectativas de inflación, aumento de reservas internacionales, fuerte baja de las expectativas devaluatorias y una sustancial disminución de la brecha entre el tipo de cambio oficial y los tipos de cambio informales. Por supuesto que la actividad de los bancos también reflejó esta situación.
El recorrido fue de menor a mayor. En la primera parte de 2014, la demanda crediticia fue muy débil y se acumuló mucha liquidez en los bancos. Hacia agosto-septiembre comenzó a observarse una mejora en el comportamiento de los préstamos, que acompañaron el crecimiento de los depósitos. Más concretamente: entre enero y julio, el incremento mensual de los créditos al sector privado en pesos promedió un 0,8%, mientras que en el período agosto-noviembre la media del crecimiento mensual se ubicó en el 2,3% (esto se vio reflejado en la tasa de incremento interanual, que dejó de caer a partir de agosto).
El balance final arroja lecturas disímiles. Algunos podrán decir que fue el mejor año para los bancos, otros, más preocupados dirán que costó mucho hacer crecer los volúmenes reales y las ganancias estables del negocio. Ambos tienen razón, los primeros estarán mirando la rentabilidad, los segundos, la dinámica de la intermediación y su aporte al PBI. Efectivamente, la rentabilidad fue récord más que nada por factores extraordinarios (devaluación, resultados por títulos públicos, aumento del CER). Pero también es cierto que fue el primer año en mucho tiempo en que la intermediación cayó en términos reales, que se interrumpió la mejora permanente del ratio crédito al sector privado / PBI, y que los ingresos estables del negocio (ingresos por intermediación y resultados por servicios) aumentaron por debajo de los gastos de administración.
Como suele suceder en los años de mayor volatilidad de las variables económicas, la banca pública, en su rol contracíclico, mostró una mejor performance que el conjunto de bancos privados en lo que respecta al otorgamiento de créditos al sector privado. Para que esto fuera así resultó fundamental el desempeño del Banco de la Provincia de Buenos Aires (BPBA), en un contexto en que otros bancos públicos tuvieron un comportamiento un poco más conservador. Efectivamente, a lo largo del corriente año el ritmo de crecimiento de los créditos al sector privado del BPBA prácticamente duplicó al observado en el promedio del sistema financiero, lo que le permitió a nuestra entidad ganar casi un punto porcentual de participación en este mercado y alcanzar así el tercer puesto en el ranking. En particular, en este año tan complicado para el sector productivo, el BPBA reforzó su política de volcar la mayor cantidad posible de sus préstamos a las empresas de la provincia, sobre todo a las pymes (fundamentales en el plano social, dado que son empresas con alta demanda de mano de obra).
No quisiera dejar de destacar que esto que sucedió en 2014 no hace otra cosa que confirmar lo que viene pasando en los últimos años. Desde que asumí la presidencia, allá por diciembre de 2011, el BPBA ganó casi 2 pp de participación en el mercado de préstamos (además de escalar tres puestos en el ranking), liderando el fuerte crecimiento de la banca pública en estos tres años (ver gráfico). En todo este período, la premisa del banco ha sido siempre la misma: orientar el crédito al servicio de la producción, el empleo y la inclusión social.
Perspectivas para 2015
Las perspectivas de corto plazo sobre las condiciones externas para el país continúan siendo poco auspiciosas. El crecimiento a nivel global se sigue viendo limitado, tanto en países desarrollados como emergentes, con la excepción de Estados Unidos, en parte por la apreciación del dólar. Ello determina que la expectativa de comercio y de los precios de las materias primas se vean reducidas en comparación con 2014. Adicionalmente, en Brasil la expectativa de crecimiento sigue siendo baja, impactando negativamente en la demanda de bienes industriales producidos en forma local. Esta situación externa se ve reforzada por el deterioro de las condiciones de competitividad general de las empresas locales, debido a la imposibilidad de trasladar los incrementos de los costos a los precios externos, la elevada presión impositiva y la apreciación relativa del tipo de cambio. Ello implica un deterioro del balance de las empresas y mayores riesgos de impagos.
Si bien el contexto macro no será el más favorable para el desarrollo de la intermediación financiera, es esperable que desde el Gobierno nacional se continúen impulsando políticas activas pro consumo e inversión que tendrán un impacto positivo sobre el crédito. Como muestra de ello, recientemente el presidente el BCRA anunció el lanzamiento del quinto tramo de la Línea de Crédito para Inversión Productiva (LCIP) a partir de enero, en la cual se ampliará el cupo de crédito destinado a la inversión productiva: pasará del 5,5% al 6,5% de los depósitos del sector privado del sistema financiero. Además, los créditos de este nuevo tramo de la LCIP se otorgarán a una tasa del 19,5%, medio punto porcentual por debajo del tramo previo.
Por otra parte, las nuevas regulaciones del BCRA sobre las tasas de interés, que imponen topes sobre las activas y pisos sobre las pasivas (y que se suman a la regulación sobre los cargos por servicios), reducen los márgenes de rentabilidad por intermediación financiera. Es por ello que a lo largo de 2015 resultará fundamental para las entidades financieras no sólo incrementar el volumen de intermediación financiera, sino además la productividad, siendo para ello fundamental la inversión en nuevas tecnologías. De cara a este desafío, sentimos que nuestro banco parte desde una muy buena posición, dado que contamos con un excelente home banking para individuos y empresas (que ya cuenta con más de 600 mil usuarios), lanzamos una moderna banca móvil e invertimos fuertemente en el desarrollo de un Data Warehouse (DW) que optimiza la utilización de todos nuestros recursos.
En este marco de tantos desafíos, no tengo dudas de que los bancos públicos en general y el BPBA en particular seguiremos cumpliendo en 2015 con nuestro rol testigo, dándole un fuerte apoyo al sector productivo, especialmente a las pymes.
(*) Presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires.


Dejá tu comentario