23 de septiembre 2010 - 00:00

“Wall Street 2” no es buen negocio

Michael Douglas (en la foto junto a Shia LaBouf, el yerno de Gekko en la ficción) y otros buenos actores como Frank Langella aportan algún atractivo a un guión poco interesante, que por momentos parece de novela mexicana.
Michael Douglas (en la foto junto a Shia LaBouf, el yerno de Gekko en la ficción) y otros buenos actores como Frank Langella aportan algún atractivo a un guión poco interesante, que por momentos parece de novela mexicana.
«Wall Street 2-El dinero nunca duerme» (Wall Street: Money never sleeps, EE.UU., 2010, habl. en inglés). Dir.: O. Stone Int.: S. LaBeouf, M. Douglas, J. Brolin, C. Mulligan, S. Sarandon, E. Wallach, F. Langella. 

¿Gordon Gekko, inescrupuloso entrepeneur dedicado solamente al Dios dinero, puede volverse un buen tipo? ¿Uno de sus mejores discípulos puede llevar a cabo sus mismas tácticas pero en pos de una buena causa? Todo esto, que parece tan improbable, tal vez no pueda tener lugar nunca en Wall Street. Pero sí en Hollywood, donde todo es posible.

Si bien «Wall Street» no estaba entre las mejores películas de Oliver Stone, al menos le imprimía a su drama monetario cierto pulso narrativo ajustado y tenso digno de la adrenalina que corre por las Bolsas de cualquier lugar del mundo. En cambio en esta tardía secuela, donde billones de dólares se pierden de un día para otro, no hay gran tensión en casi ningún momento, salvo en las más inspiradas escenas del principio, en donde aún no aparece Michael Douglas en su papel de Gekko y en cambio Frank Langella hace un retrato logrado de un hombre de negocios que no por capitalista deja de tener un buen corazón.

Luego el drama cae en asuntos personales entre Gekko, su hija ingenua y totalmente ajena a ese mundo de Wall Street (Carey Mulligan) y su flamante futuro yerno (Shia LaBouf) que no quiere dejar de aprovechar el talento para hacer dinero incluido en su familia política. Esto a pesar de que su futura esposa no quiere saber nada con su padre, que acaba de salir de la cárcel luego de las fechorías cometidas en el primer film.

La presencia de buenos actores como Douglas, Langella, Eli Wallach y Susan Sarandon (desaprovechada como la madre del yerno de Gekko, una mujer que ha olvidado su vocación de enfermera para dedicarse a negocios imposibles), logran darle algún atractivo a un guión muy poco interesante, que por momentos parece recorrer los caminos de una novela mexicana, de esas donde malísimos hombres de negocios reciben su merecido y los amores se truncan por culpa de fortunas en juego. De hecho, hay un par de escenas donde la joven pareja de protagonistas ve cómo se les van de las manos cien millones de dólares y ni llegan a hacer pucheritos. En cambio, el pobre espectador que invierta su modesto puñado de dólares para ir al cine a ver esta película quizá se lamente sonoramente por haber hecho tan mal negocio.

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