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30 de agosto 2007 - 00:00

Agitación que logra cansar al espectador

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El desdichado matrimonio protagónico de «Ricordati di me» y sus problematizados hijos.
«Ricordati di me» (idem, Italia, 2003, habl. en italiano). Dir.: G. Muccino. Int. : L. Morante, F. Bentivoglio, M. Bellucci, L. Romanoff, S. Muccino, G. Lavia, E. Silvestrin.

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El único normal de esta familia es el perro, un bicho peludo, tranquilo, más bien parco. Al que deben haber adoptado de grande, porque no se parece para nada a ninguno de los demás habitantes de la casa, que son todos atildados, nerviosos, y parlanchines. Para colmo hablan a los gritos, sin entenderse, y hasta pareciera que sin quererse.

Gabriele Muccino, el de «El último beso» (que era bastante mejor), sobre las aflicciones de un tipo en edad de casarse, quiso ahora mostrar las aflicciones de otro tipo en edad de divorciarse. Del trabajo, al que renuncia en un ataque de inmadurez. Del lecho conyugal, por pura dejadez. Y, si es posible, de la mujer, porque ha recuperado transitoriamente una novia de juventud.

En cuanto a la mujer, ella trabaja dentro y fuera de casa, y ahora agrega el desafío de volver al arte escénico, un poco para no sentirse amortajada antes de tiempo, sosteniendo una familia que no la acompaña para nada. La hija, en cambio, es una cocorita egocéntrica de 17 años dispuesta a emplear métodos inconfesablescon tal de cumplirsu sueño de ser bailarina de un programa televisivo de variedades (y lo peor es que los emplea). Y el hijo es un gandul que, como la gran cosa de su vida, arma una fiestita con mucha, mucha humareda. Los amigos que junta en esa fiesta le van a durar tanto como el humo, pero ésas son cosas que sólo se aprenden con la experiencia. Al respecto, es notable la experiencia que tiene Muccino en materia de edición, igual que en el manejo de algunos diálogos, con frases tipo «no les importa que seas pésima, sino tu actitud» (consejo en un casting televisivo), «no digas que estuviste con unos amigosporque vos, amigos no tenés-» (recriminación de la esposa), y «me transformé en lo que él quería y ahora busca en otras lo que veía en mí» (balance teatral). Elogiables también algunas tomas del rostro del hombre cuando la mujer le habla o lo abraza y él está en otra cosa, la puerta que se abre suavecito, el perro en el sofá del amo. Y decididamente fastidiosos, el movimiento de cámara de algunas escenas, la acumulación acelerada de situaciones, los arrebatos poco explicables de algunos personajes, la agitación general, que termina cansando al espectador mucho antes que termine la película.

Muy bien, como siempre, Laura Morante. Placeres aledaños, la voz de Mina cantando «Sabor a mí» desde la banda sonora, y Monica Bellucci en el papel de la novia de juventud que ya tiene su propia familia pero está dispuesta a jugarse. Da gusto verla, aunque sea vestida.

P.S.

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