12 de enero 2006 - 00:00
Aleandro dirige comedia de Ball
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Norma Aleandro estrenó ayer la comedia «Cinco mujeres con un mismo vestido» de Alan Ball, un autor que para ella «tiene algo de Noel Coward y de Neil Simon».
Periodista: Conocemos a Alan Ball como guionista ¿Cómo es su dramaturgia?
Norma Aleandro: Ball tiene es una manera muy fina y muy simpática de contar sus historias. No elige personajes especialmente brillantes, como bien pudo verse en «Belleza americana». Son seres de una mentalidad común, donde nadie sobresale por sus ideas estrambóticas, ni siquiera cuando se enfrentan a su propia forma de vida. Nunca son heroicos.
P.: ¿Las protagonistas van a sufrir algún cambio a raíz de este encuentro?
N.A.: El autor no se propone tanto. Creo que la modificación está en que logran reencontrarse amigas y familiares que por diversas circunstancias se habían alejado del grupo. Pasan muchas cosas de apariencia pequeña. No hay grandes conflictos, pero eso es lo que hace interesante a la obra, porque la vida, en realidad, está hecha de pequeños conflictos. En general, no tenemos que cruzarel Esponto para llegar a destino sino la Avenida Corrientes y hay que ver si llegamos a casa sanos y salvos. La comedia es el género que más se parece a la vida por eso es tan difícil de escribir. Además, esta obra tiene un tratamiento muy fino del humor.
P.: Usted parece tener preferencia más por la mordacidad que por el humor llano...
N.A.: Todo el tiempo hacemos cosas cómicas pero no siempre las registramos o reconocemos, porque el humor está generalmente emparentado con situaciones que consideramos dramáticas. Hay que tener el ojo preparado para eso como lo tienen los maravillosos humoristas de este país -tanto en gráfica como en actuación- que miran con lupa allí donde nadie quiere mirar.A partir del dolor se arman situaciones muy cómicas, es el caso de los velorios... ¡y ni qué hablar de la separación de una pareja! Pero, imaginemos, por ejemplo, al Titanic hundiéndose -algo que es un espanto- con la orquesta tocando hasta último momento. Es un acto heroico, sin duda, pero en el fondo ¿no es un acto cómico también?
P.: ¿Y usted de qué suele reírse?
N.A.: De la solemnidad. Cada vez que nos ponemos solemnes seguro que estamos protagonizando un acto cómico. Cuando me dan un premio, por ejemplo, y me dicen todas esas cosas grandilocuentes yo tengo que contener la risa. Eso de que me hablen como si fuera de bronce. Nadie cree que uno sea de bronce y sin embargo te hablan como si fueras un monumento. Este tipo de cosas se dan todo el tiempo y pueden halagarte mucho pero a mí, la verdad, me dan risa.
Entrevista de: Patricia Espinosa




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