4 de noviembre 2001 - 00:00

Anita Hart: actuó en 65 films pero nunca se le vio la cara

Anita Hart, la doble de cuerpo más famosa
Anita Hart, la doble de cuerpo más famosa
El de Anita Hart es uno de los traseros más célebres del mundo. Se lo ha «prestado» a actrices como Liz Hurley, Pamela Anderson y Cindy Crawford. En el cine y en la publicidad se doblan posaderas, nalgas, traseros, retaguardias, bundas, cachas y asentaderas. Pero éste es el culo más famoso, el más caro y el más mimado.

Anita
, de profesión doble de cuerpo, vive de su retaguardia, un don de los dioses que ha asegurado en más de dos millones de dólares. Ella misma reconoce que, si pudiera, lo haría en diez millones. El verano pasado, con 29 años, conmocionó al Reino Unido cuando su trasero pintado se convirtió en la insignia de la campaña de publicidad de Slendertone, una empresa que vende shorts de tonificación de nalgas y muslos.

Un cartel de 37 metros por 27 con la instantánea de sus posaderas empapeló la conocida Oxford Street de Londres como imagen principal de la campaña. Tamaño trasero atrayendo las miradas de los peatones y conductores del corazón del Imperio no podía pasar inadvertido. En apenas unos días llegaban las primeras quejas a la comisión británica encargada de vigilar la publicidad. El culo gigante debía desaparecer: distraía a los conductores y podía causar un accidente.

La campaña cobró bríos y así obtuvo la medalla de oro en el último certamen de publicidad con carteles en su país. Nunca antes un culo había alcanzado tan amplia dimensión. Anuncios aparte, la bien ganada popularidad de Anita y las imparables ventas del producto que publicitó demuestran que la olvidada posadera sobre la que reposamos una media de 23 años de nuestras vidas, que tiene el músculo más largo del cuerpo humano y cuyo ancho femenino ha crecido cuatro talles de media en el último medio siglo, ha dejado la sombra y se dispone a luchar por su propio protagonismo.

Tal fijación nos llega, por extraño que parezca, del país del té con masitas, los lores y las buenas maneras: el Reino Unido. Los tabloides británicos llevan décadas invitando a los lectores a admirar las posaderas de aspirantes a modelo o actriz más o menos bien dotadas (sus directores no parecen muy interesados en proporcionar a sus lectoras su equivalente masculino) que llegan a muchas de sus páginas.

Más aún, desde hace 20 años se celebra el concurso de trasero femenino del año, un honorable galardón para el que estuvo nominada la difunta Lady Di, y que, en su versión masculina, que sólo lleva dos lustros convocándose, ha ganado en una de sus últimas ediciones el cantante Robbie Williams.

También gracias a este peculiar certamen de poderío físico llegó Anita Hart a los anuncios. Tras conseguir el primer puesto, el trasero de esta estadounidense afincada en California se convirtió en la imagen perfecta para invitar a los consumidores de Slendertone a consumir sus productos. Alguno podría pensar que hasta que convirtieron su trasero en popular, esta doble de cuerpo no era nadie. Nada más lejos de la realidad.

Esta joven lleva diez años viviendo de su figura en Hollywood, donde es una famosa doble de cuerpo, tanto en escenas de acción como de físico. Allí ha participado en más de 65 películas y ha cedido sus formas perfectas a actrices tan conocidas como
Liz Hurley, Pamela Anderson y Minnie Driver en «Austin Powers», «Barbwire» y «Hard Rain», respectivamente.

«Era mi cuerpo y no el de Pamela Anderson el que salía en el póster de Barbwire
», cuenta ella. Y añade: « También fui el trasero de Cindy Crawford, de hecho todo su cuerpo, en el anuncio de Pepsi». Sin saberlo, los televidentes también han disfrutado de sus curvas perfectas cientos de veces en «Baywatch», «Buffy» o «Sensación de vivir», entre otras muchas series.

Imitación

Su trabajo consiste en imitar las maneras de andar y moverse de las personas a las que dobla. Una cualidad que no se aprende en una escuela y que esta doble reconoce que logró alcanzar gracias a su experiencia como animadora de los Raiders de Los Angeles: tanto aprender coreografías y mover pompones tenía que servir de algo. No obstante, el suyo es un trabajo de precisión. «Me siento con el director de la película y miro atentamente cómo anda y se mueve la actriz. Trato de mantenerme lejos de la visión de la estrella para que no sea consciente de que la miro y asegurarme de que anda con naturalidad», comenta. « Una de las más difíciles de doblar fue Pamela Anderson. Lleva tacones muy altos. Además, ha perdido mucho peso y está delgadísima. Su forma de andar es complicada de imitar porque camina con mucho brío», asegura.

Sin embargo, su trasero no siempre ha dado con la forma buscada. De hecho, fue rechazada para el papel de doble de
Jennifer Lopez en «La celda» porque los productores no lo consideraron lo suficientemente rotundo, circunstancia que la llevó a comer más y engordar cinco kilos para redondear sus formas.

Mientras tanto, mantener su estilizada figura le cuesta sus sacrificios: media hora al día con el mencionado short, comer sano, hacer yoga y un poco de ejercicio.
«Nada llega porque sí. Yo diría que nunca tuve un mal trasero, pero me pongo a tono todos los días religiosamente para asegurarme de que está en forma», puntualiza.

Ante tales confesiones, se puede pensar que en Hollywood dan gato por liebre cuando presentan a las actrices como perfectas. Según
Hart, esto no es exactamente así: « No es que ellas no tengan unos traseros estupendos, por supuesto que los tienen. Tiene más que ver con el hecho de que a menudo los doblo en escenas arriesgadas o difíciles, y termino siendo su trasero. Estas estrellas se cotizan mucho, y no se pueden permitir dañarse sus culos, así que me usan a mí en su lugar», reconoce.

Sin embargo, si esta fuera la única razón, no habría habido necesidad de que
Anita le prestara su cuerpo a Pamela Anderson en el cartel que publicitó su fracaso taquillero «Barbwire», de la misma forma que, hace años, lo hiciera otra doble con Julia Roberts en «Mujer bonita».

A pesar de todo,
Hart es una mujer entregada a su trabajo, especialmente cuando tiene que doblar a Liz Hurley, la ex de Hugh Grant, de la que dice que tiene las mejores posaderas y figura del cine. Sueña con doblar el trasero de Angelina Jolie, una actriz a la que dice admirar y de la que probablemente no sabe que su parte de atrás también fue doblada por una doble en su última película, «Tomb Raider», por no dar la imagen que el director buscaba para la heroína del videojuego.

De momento, la doble estadounidense disfruta de un contrato millonario con Slendertone y prepara nuevos retos interpretativos en la escena hollywoodense. Después de todo cree que todavía le queda cuerda para rato.
«Quiero pensar que tengo diez años más si mantengo mi trasero en buena forma», se ilusiona.

Relegar esta campaña de publicidad a una simple moda pasajera no sería del todo acertado. Las encuestas, esos supuestos espejos de la sociedad, indican lo contrario. El trasero va adquiriendo adeptos como símbolo sexual y social. Una macroencuesta sobre el sexo que la revista
«Quo» publicó en su pasado número 69 revelaba que 36% de los hombres prefería mirar primero el culo que el pecho, frente a 53% que optaba por los senos femeninos.

Cuanto más joven es el varón, más inclinación muestra por las posaderas hasta alcanzar 42%. Esta tendencia es más significativa entre los que viven en las grandes ciudades. También es curioso, según las conclusiones del sondeo, que a los hombres de clase social alta les gusta más el pecho que el trasero.

En el caso de las mujeres, casi la mitad elegía el trasero masculino en detrimento de los genitales. También en su caso, cuanto más jóvenes menos les gustaba la entrepierna y más la retaguardia, hasta alcanzar 68%. A las mujeres de clase baja, sin embargo, les atrae menos el trasero de los hombres que a las de otras clases sociales.

Para el sexólogo
Miguel Angel Cueto, del Centro Psicológico de Terapia de Conducta, el hecho de que las mujeres miren más los traseros que los genitales sucede por varios motivos: «uno, por una mayor desgenitalización de la conducta sexual humana en las relaciones de los jóvenes y, por otro lado, una menor importancia del tamaño del pene en el disfrute sexual. Quizá podría haber otra explicación, por un mayor pudor de las personas jóvenes en valorar la zona genital».

Sin embargo, algunos se preguntan por qué las nalgas están adquiriendo tanta importancia a la hora de valorar el atractivo físico total.
Cueto considera que, pese a todo, seguimos teniendo orígenes animales. «Las nalgas en las especies inferiores generan respuestas de excitación cuando segregan en la hembra su flujo indicando la receptibilidad procreadora o cambian de color para excitar al macho. En la especie humana, la conducta sexual viene determinada por el aprendizaje y el condicionamiento social. Sin embargo, no es posible prescindir del hecho de que ambos procesos discurren dentro de unos límites impuestos por la evolución, la biología y la genética. Todos poseemos un impulso sexual heredado que no es fruto del aprendizaje, sino instintivo».

Otro dato que refuerza la preeminencia del trasero como punto neurálgico del atractivo humano: ya se está comercializando el Wonderass, un panty que reubica las grasas traseras y las levanta. En Estados Unidos arrasa la cirugía: la última moda es pedirle al cirujano el culo de
Jennifer Lopez, redondeado y curvilíneo.

En el Reino Unido han ido mucho más lejos. De nuevo, Slendertone buscó un psicólogo que había estudiado el trasero durante la última década y le financió un informe para investigar qué pensaban las británicas de sus posaderas. El doctor
David Lewis se dedicó con ahínco a la materia y mostró al mundo interesantes resultados. Para el citado psicólogo, el condicionamiento sexual que implica el cuerpo en las relaciones humanas queda claro con un dato: una pareja que acaba de conocerse tarda cuatro minutos en analizarse mutuamente.

Parece ser que de poco vale la inteligencia y la personalidad en estos primeros encuentros. «Es agradable creer que la atracción física no juega ningún papel en la ecuación chico encuentra chica», sostiene Lewis, «pero lamentablemente esto es totalmente inexacto».

Preferencias

Este psicólogo especializado en el trasero va un paso más allá, y explica qué tipo de hombres prefieren las mujeres dependiendo de las formas de sus posaderas. Según parece, 36% de las mujeres con un trasero «lleno y regordete» se siente mayoritariamente atraída por hombres con cerebro y buena educación, inclusive aunque no tengan un cuerpo seductor; en contraste, sólo al 20% le gusta los varones con mucho músculo y poco cerebro.

Paralelamente, 33% de mujeres con un trasero «plano y atlético» se siente atraída por este último tipo de hombres, mientras que sólo 14% prefiere aquellos que tienen cuerpos no muy atractivos. Finalmente, 54% de aquellas que disfrutan de traseros atractivos y redonditos elige a los «chicos de la puerta de al lado».

«La idea de que la forma del trasero de una mujer determine sus preferencias sexuales puede resultar extraña», explica
Lewis, «pero varios estudios en Estados Unidos han sugerido ya el eslabón entre nuestro físico y lo que nos excita sexualmente del sexo opuesto». Particularidades como que 77% de las mujeres dicen que están preocupadas por la forma de sus nalgas; que la mitad de ellas considera que una retaguardia deseable las hace sentirse más seguras en sus relaciones románticas; que 63% sueña con un trasero atrevido y redondeado, que la mitad de ellas cree que un culo bien puesto, si su jefe es hombre, le dará mejores oportunidades laborales y, el más aterrador de todos: que 93% cree que un trasero bien acabado es el pasaporte para un apasionado romance y una carrera profesional de éxito.

Al preguntar a
Cueto sobre este último dato, el sexólogo considera que tampoco hay que exagerar. «Culturalmente, cierta belleza tiene que ver con el éxito social y profesional. No obstante, pensar que sólo la belleza de un trasero, aunque esté muy bien acabado, sea suficiente, me parece excesivo. Sería conveniente educar sexualmente en romper este mito y pensar que, además, el culo sirve para sentarse».

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