31 de enero 2006 - 00:00
Atractivo "duelo" de Gadé y Mistral
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La intimidad como territorio de descubrimiento
La simpatía y distinción de Analía Gadé y la fuerza temperamental de Nati Mistral convierten una obra endeble y bastante previsible en un festín para admiradores de las dos actrices.
Apenas entran a escena el público las aplaude a rabiar. Es que Analía Gadé y Nati Mistral son dos figuras muy familiares para toda una generación de espectadores, que hoy sigue disfrutando del encanto y la distinción de una y de la fuerza temperamental de la otra. Juntas ofrecen un interesante contrapunto al componer a dos mujeres de personalidades muy opuestas que se reúnen a tomar el té después de cincuenta años de distanciamiento.
Gadé es Mercedes, una millonaria argentina instalada en Europa junto a su marido diplomático, y que todavía hoy se comporta como una niña caprichosa y egoísta. La españolísima Mistral tiene a su cargo a Aurora, hija de inmigrantes madrileños -más conservadores y con menos recursos económicos- que ha sido, pese a su pudor y simpleza, la eterna confidente de Mercedes, hasta que el amor por un mismo hombre hizo que esta amistad sufriera una impasse de cinco décadas.
Gadé -la primera actriz argentina que triunfó en España, bueno es recordarlo- fue siempre elogiada por su talento, belleza y «charme», y en este caso encontró un papel a su medida. Mistral, por su parte, derrocha histrionismo dentro de un personaje que sin duda le queda chico. Ella es una actriz de garra (ha hecho obras de Lope de Vega, Valle-Inclán, Pérez Galdós, García Lorca, entre otros clásicos) y tal como declaró alguna vez: «Lo mismo te hago «La Celestina», que te hago «Hello Dolly» o te canto una ópera en el Teatro Colón de Buenos Aires». No hay duda que es una actriz multifacética y destinada a grandes desafíos, pero para su público es una bendición que el papel de Aurora haya caído en sus manos.




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