Atractivo "duelo" de Gadé y Mistral

Espectáculos

«Afectos compartidos» de C. Furnaro. Dir.: O. Cattone. Int.: N. Mistral, A. Gadé, Y. Barrera y M. Marcos. Esc.: Ch. Gambino. Vest.: S. Oquendo. Luces: F. Di Yorio. (Multiteatro.)

Apenas entran a escena el público las aplaude a rabiar. Es que Analía Gadé y Nati Mistral son dos figuras muy familiares para toda una generación de espectadores, que hoy sigue disfrutando del encanto y la distinción de una y de la fuerza temperamental de la otra. Juntas ofrecen un interesante contrapunto al componer a dos mujeres de personalidades muy opuestas que se reúnen a tomar el té después de cincuenta años de distanciamiento.

Gadé
es Mercedes, una millonaria argentina instalada en Europa junto a su marido diplomático, y que todavía hoy se comporta como una niña caprichosa y egoísta. La españolísima Mistral tiene a su cargo a Aurora, hija de inmigrantes madrileños -más conservadores y con menos recursos económicos- que ha sido, pese a su pudor y simpleza, la eterna confidente de Mercedes, hasta que el amor por un mismo hombre hizo que esta amistad sufriera una impasse de cinco décadas.

El texto de Carlos Furnaro va revelando algunos secretos -en su mayoría previsibles- mientras pasa revista a los años de juventud de estas dos mujeres con simpáticas alusiones al primer gobierno peronista, a las costumbres y modas de la década del '50 y a la hipocresía y represión con que se encaraba en ese entonces todo lo referido al sexo.

La obra transcurre como una amable conversación. Ni siquiera el rencor, las traiciones, o las desgracias que cada una ha sufrido abren una perspectiva diferente a la de aquí y ahora, si bien, las apariciones de Yasmin Barrera y Marina Marcos (Aurora y Mercedes de adolescentes) aportan humor y frescura. Por un lado se agradece la ausencia de melodrama -gran mérito del director Osvaldo Cattone y de las dos figuras protagónicas que se sacan chispas en varias ocasiones- pero también hay que reconocer que si no fuera por el carisma de las intérpretes y la gracia que provocan sus encontronazos, la obra resultaría muy endeble con sus episodios de novelón, plagados de actitudes inexplicables, cambios abruptos y un final excesivamente optimista.

Gadé
-la primera actriz argentina que triunfó en España, bueno es recordarlo- fue siempre elogiada por su talento, belleza y «charme», y en este caso encontró un papel a su medida. Mistral, por su parte, derrocha histrionismo dentro de un personaje que sin duda le queda chico. Ella es una actriz de garra (ha hecho obras de Lope de Vega, Valle-Inclán, Pérez Galdós, García Lorca, entre otros clásicos) y tal como declaró alguna vez: «Lo mismo te hago «La Celestina», que te hago «Hello Dolly» o te canto una ópera en el Teatro Colón de Buenos Aires». No hay duda que es una actriz multifacética y destinada a grandes desafíos, pero para su público es una bendición que el papel de Aurora haya caído en sus manos.

Dejá tu comentario