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12 de noviembre 2008 - 00:00

"Aun bajo el comunismo, los checos supimos divertirnos"

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Michaela Pavlátová, famosa cineasta checa de cine de animación, a quien el festival de Mar del Plata le dedica una retrospectiva.
Mar del Plata - Una mujer espera en la cama mientras el marido hace palabras cruzadas; una pareja va armando un puzzle, hasta que algo se traba y el posible amor se quiebra; decenas de solitarios se cruzan sin encontrarse (entre ellos un perro): estos personajes caracterizan los cortos de la dibujante Michaela Pavlátová, largamente difundidos y reiterados a pedido del público a través de «Caloi en su tinta». Ahora ella está en Mar del Plata, y -primera comprobación- es bastante parecida a sus dibujos.

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Aclararemos: se parece a las mujeres lindas de sus dibujos, porque la mayoría de sus caricaturas son de gente que nadie quisiera ver desnuda. Pero, lindas o feas, todas tienen, en algún momento, una expresión dulcemente perpleja, y ella también. Sobre todo cuando le preguntan por el sexo en los países del Este.

Michaela Pavlátova: ¿Cómo no estar perpleja? Esta es la primera retrospectiva que me hacen. Temo a los aviones, pero me sentí tan halagada que hubiera sido bochornoso quedarme en Praga. Además acá son tan expresivos, gritan ¡ bravo! En otros lugares quizá también les guste, pero no me lo hacen saber tanto. Y me sorprende cuánto saben de cine checo.

Periodista: No es muy salidora.

M.P.: Trabajé unos años en una empresa comercial de San Francisco, una ciudad hermosa, pero eso es todo. Praga también es hermosa.

P.: ¿Cómo era bajo el comunismo?

M.P.: Se veían bien los edificios, no había tantos carteles de propaganda. En verdad, no fue bueno vivir bajo el comunismo, y nos parece una maravilla que se haya terminado, pero reconozco que para los artistas fue bueno gozar de los aportes del Estado. Entonces el cine era considerado un arte, no sólo un producto. Yo trabajaba en una empresa estatal de cine de animación, Krátký Film, que aún existe, y allí nunca pasamos necesidades. Por supuesto que había controles, y algunos dibujos se hacían, se pagaban, y nunca se mostraban.

P.: ¿Y ahora?

M.P.:
Los fondos del Estado son muy reducidos. La televisión ayuda un poco. Las productoras privadas financian hasta la mitad, y reclaman ganancias. Yo veo cuatro posibilidades: hacer un corto de 15 minutos que me lleva dos años y pocos ven, hacer un largo con actores amigos (así rodé dos comedias), combinar ambas formas o, simplemente, que nadie me financie y quedarme en casa.

P.: Y ser como esas mujeres que muestra en sus cortos.

M.P.: Soy algo como ellas. Por ejemplo, «Repite» es un testimonio muy personal: tuve un matrimonio aburrido, me divorcié, me enamoré de nuevo, me casé, pasa el tiempo, empiezan las rutinas, me aburro. Me pasa en muchos órdenes, por eso siempre pruebo nuevas técnicas, intento en la web, ilustro libros infantiles, etc.

P.: ¿Hace dibujos para chicos?

M.P.: Al chico le interesa todo lo que se mueve. Pero quizás los padres no quieran que ellos vean mis dibujos.

P.: Claro, por ejemplo ese de los conejitos y demás bichos, «El carnaval de los animales», con música de Saint-Saens.

M.P.: Que tiene muchísimas imágenes de sexo, varias de ellas a partir de dibujos que hizo mi marido. Yo le veo un contenido erótico y humorístico, pero otros podrían encontrarlo vulgar, incluso patético. Le cuento algo: Mi abuela era una mujer optimista, realista, con una mente más joven y abierta que mi madre. Aclaro que las dos me querían mucho, fui muy afortunada por el amor que me dieron. Bueno, con «El carnaval de los animales» mi abuela, entonces de 99 años, preguntó «¿Qué es?». Le dije «gente desnuda, senos, penes, conejos». «¡Qué buena idea!», suspiró. Mi madre, de 70, estaba horrorizada, avergonzada de la hija que tenía. Cuando se los mostré, mamá se tapaba los ojos, y la abuela decía «¡Ah, qué hermoso!»

P.: Viendo películas suyas, de Jiri Menzel, Vera Chitilová, y otros checos, pareciera que ustedes tienen un espíritu de faunos y cabritas, que no se ve en otros países del Este.

M.P.: Es interesante lo que me está diciendo. ¿Esa es la imagen que damos? Ahora me da un poco de vergüenza. Supongo que también en esos otros países la gente tiene sexo, pero los checos, es cierto, tenemos más ganas de divertirnos. Nos gusta divertirnos, bromear, disfrutar la vida, y, en todo caso, criticar con ironía. Pero es difícil generalizar. También tenemos gente amargada. La pongo en mis dibujos.

P.: ¿Sufrió algún reciente caso de censura?

M.P.: De autocensura. Me pidieron algún dibujo para el Festival de Teherán, y debí responder que no encontraba ninguno apropiado para ellos. Los iraníes no hubieran aceptado un corto con desnudos, ni siquiera dibujados, y mucho menos éste, donde hay orgías de hombres y mujeres con pájaros y conejos, y no recuerdo qué otros animales. Pero seamos sinceros: ¿a ustedes, que creo que son como nosotros, les habría gustado ver eso mismo con seres humanos de verdad?

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