Sin ser una joya del género, la aventura submarina «Azul extremo» parte de una idea
simplona y la sostiene con situaciones cada vez más tensas a medida que avanza la
acción.
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Reclamar un barco hundido es complejo: hay que dar con los datos del barco, y ofrecer alguna evidencia convincente de que se trata del navío en cuestión. Eso lleva tiempo, y mientras las dos parejas quieran mantener el hallazgo del tesoro para sí, denunciar a la policía el avión hundido sería atraer un sinnmúmero de equipos de buzos que podrían encontrar la evidencia del barco y arruinarles el sueño de los lingotes de oro.
Para colmo, la mitad del cuarteto no puede evitar que las mareas siempre los arrastren hacia el avión; después de todo, ese tesoro menos glorioso está ahí al alcance de la mano. Por algún motivo, los tiburones siempre merodean el avión, no el barco que poco a poco se va dejando ver después de siglos enterrado bajo la arena del fondo del Caribe.
Hay violencia, exotismo, excelente fotografía submarina y un buen ritmo -sobre todo en la segunda mitad-, pero probablemente el fuerte de
No podrá competir con las joyas del género, pero para una matiné de super acción de esas que ya casi no hay, bien vale el precio de la entrada.
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