Bon Jovi volvió al país tras 15 años de ausencia (Foto: Beto Landoni)
Tras clausuras, prohibiciones, tests de pogo y mucho circo, reabrió finalmente el máximo coliseo porteño de megarecitales. Los encargados de la gala de reapertura: Bon Jovi.
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El grupo de New Jersey llegó al país tras 15 años de ausencia para presentarse por cuarta vez (las anteriores fueron en 1990, 1993 y 1994) como parte de su gira The Circle tour, que lo pasea por toda Latinoamérica.
La banda corrió el telón con el clásico "Blood on Blood", para continuar con el corte de su último álbum "We Weren't Born to Follow", mientras se mostraban imágenes de líderes pacifistas y mensajes de esperanza en las pantallas gigantes desplegadas en el escenario. Entre ellas las del actual presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a quien los miembros del grupo dieron su respaldo explícito. De hecho se convirtieron en una especie de estandarte de la iniciativa de Obama "Servimos unidos" con la que se busca fomentar la ayuda comunitaria. Bon Jovi justamente recogió ese guante y promociona durante los conciertos esa iniciativa.
La primer parte del concierto mechó temas de su último disco con algún clásico como "You Give Love a Bad Name". Ya el segundo tramo fue una catarata de hits como "Bad Medicine", "Lay Your Hands On Me", "Always", "I'll Be There For You", I'll Sleep When I'm Dead", Keep the Faith" y hasta se animaron con una versión rápida del clásico "Pretty Woman".
Después vinieron los bices en dos tandas. Primero arrancaron con "Dry County", "Wanted Dead or Alive", donde Richie Zambora se luce con una guitarra de 12 cuerdas y doble cuerpo, para luego cerrar el show con "Livin' on a Prayer" y "These Days".
Saludo mediante, Bon Jovi volvió a escena y para el colofón del concierto sonaron "Have a Nice Day", "Someday I'll Be Saturday Night" y el clásico melódico "Bed of roses" por suerte interpretado en su idioma original y no en su versión en español.
Sonidos y controles
El show fue prolijo, aunque seguramente no de los mejores que se le vio a la banda por estas tierras. Quizás por ser la primera, aquella visita en el verano de 1990 en una de las noches del Derby Rock festival, sigue siendo la elegida por los fans. Probablemente el principal problema para este tipo de bandas es la limitación sonora que se les impuso tras la clausura del estadio por la protesta de un puñado de vecinos.
River es un estadio ideal para megarecitales si se lo analiza por el lado de la comodidad, de sus accesos y de la cantidad de entradas que pueden venderse. Por eso es siempre el principal referente de los organizadores de este tipo de eventos. Ahora, es sabido que la acústica no es de lo mejor y si a eso se suma una baja en los decibeles, el sonido empieza a correr riesgo. Precisamente la de anoche no fue una noche con el clásico viento que sopla del río, lo que hubiera empeorado aún más el sonido.
Otro dato curioso de este nuevo River fue el corralito antipogo armado por los organizadores para cumplir con las normas impuestas por el Gobierno porteño. Para graficarlo mejor, los concurrentes al campo ocupaban sólo la mitad del terreno y en la mitad trasera había unas 10 filas de sillas. Con esto se buscó limitar el pogo (que no se dio en este recital) reduciendo la cantidad de espectadores en el campo. El saldo lógico: la gente se apretujaba contra el escenario lo que generó que el show debiera interrumpirse un par de veces.
Mientras, por las calles del Barrio River, una cuadrilla de técnicos del Ministerio de Ambiente y Espacio medían vibraciones en edificios. Los resultados se conocerán en el día de hoy o mañana y determinarán si los límites estuvieron bien o si hay que seguir ajustándolos para que el Monumental siga abierto a los conciertos.
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