19 de enero 2001 - 00:00

Brillante "Chicago" impone su seducción

Los bailarines en escena.
Los bailarines en escena.
«Chicago», de Bob Fosse, Fred Ebb (libro y letra) y John Kander (música). Dir.: Waler Bobbie. Cor.: Ann Reinking, Gary Chryst. Dir. Mus.: S. Freeman y G. Gardelín. Int.: Sandra Guida, Alejandra Radano, Salo Palik, Rodolfo Valss, María R. Fugazot y cuerpo de baile (Opera).


Ocurre en Chicago, en los años '20, pero podría suceder hoy y en cualquier lugar. Es la historia de dos asesinas, Velma y Roxie, que compiten por lograr popularidad y se unen para salir en libertad y alcanzar fama y fortuna regresando al escenario.

Trata de adulterios, traiciones, crímenes, envidias, corrupción judicial, manipulación de la prensa; podría haber sido una comedia dramática, pero es un musical. Uno de los mejores de Bob Fosse.

En «Chicago», Fosse eleva el cinismo a la categoría de obra de arte. Muestra irónicamente cómo lo vituperable se esparce por toda la sociedad, cómo la lucha por el poder se instala en los lugares más inesperados, cómo se ha perdido estilo y clase. Pero ni Fosse ni el músico John Kander ni el libretista Fred Ebb son ideólogos retóricos. Usan esos temas para jugar con el humor negro, divertir y expresar un sofisticado escepticismo.

Desde principios de los '70, Fosse quería conseguir los derechos de «Chicago», basada en un hecho policial que la escritora y periodista Maurine Dallas Watkins había instalado en 1926 en Broadway, con éxito.

Fue adaptada al año siguiente al cine mudo (supervisada por Cecil B. de Mille) y, en 1942, se convirtió en la película «Roxie Hart», protagonizada por Ginger Rogers y dirigida por William Wellman. Cuando en 1972 se produjo el escándalo de Watergate, Fosse consideró fundamental hacer «Chicago».

La mayor transformación que realizó el equipo Ebb, Kander y Fosse es que la obra no trata sólo de lo que le ocurrió a Roxie Hart, una corista que engaña a su marido (un pobre tipo al que califica sarcásticamente de «Mi tierno bombón»), asesina a su amante cuando pretende abandonarla y, a través del engaño y la hipocresía, alcanza una celebridad que la favorece.

El
«Chicago» de Fosse, además, enfrenta a Roxie con Velma. Impone entre ellas la competencia, y que el futuro que eligen no sea (como en «Thelma y Louise») la muerte, sino la vida y la popularidad. Velma, que a veces se vuelve narradora de la historia, cuando se abre el telón ya es estrella del varieté.

Mató por pasión a su marido cuando lo encontró en la cama con su hermana, con la que hacía su espectáculo en los teatros.

La cárcel las reunió y allí descubrieron la corrupción en la guardiana
Mamá Morton, la manipulación de la justicia, la prensa que realiza el abogado Billy Flynn (que asegura que si le hubieran dado dinero él habría salvado a Jesucristo de la cruz) y un grupo de asesinas que sostienen que cualquiera, de haber estado en el lugar de ellas, habría hecho lo mismo.

Mujeres en sensual lencería, bailarines mostrando sus torsos, el color negro dominante, la orquesta (en escena) manteniendo la euforia de «todo ese jazz», danzas irrefrenables, humor negro permanente: la puesta se convierte en exaltación del musical.

La versión que se acaba de estrenar en la Argentina no tiene nada que envidiar a otras internacionales. Las actuaciones de las protagonistas, Velma y Roxie, son consagratorias.

Sandra Guida haciendo Velma confirma que nació para el musical. Tiene una bella voz de cantante de blues y hace prodigios bailando, como cuando le enseña a Roxie el espectáculo que hacía con su hermana interpretando tres papeles distintos: ella en el pasado, su hermana y la comentarista actual. Explica, con su actuación, por qué Velma es el papel que reclamaron Ute Lemper y Anna Montanaro, que quiso y no hizo Ann Reinking porque creyó que lo de ella ya era Roxie, y que Madonna impuso para sí cuando se filmó «Chicago. The movie».

Alejandra Radano
brilla con una Roxie Hart hipócrita, chabacana, maliciosa y, fundamentalmente, graciosa. Divierte cantando «Tierno bombón», haciendo de muñeca del ventrílocuo abogado Flynn. Guida y Radano compiten en escena, para felicidad del público, en baile, canto y actuación.

Salo Pasik
es Amos Hart, el marido engañado, una eficaz creación, y seduce a la platea cuando, en el tono que corresponde al personaje, canta «Mr. Celofán». Rodolfo Valss vuelve emblemático a su abogado manipulador. María Rosa Fugazot (Mamá Morton) será una revelación para muchos como notable cantante más que por su reconocido dominio de la escena. El resto del experimentado elenco, con sus desplazamientos y sus voces, es el que se merecía este tributo criollo al genio de Fosse.

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