Caja de sorpresas que trasciende la fantasía habitual

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El fundador de la Gestapo, Hermann Göring, se pintaba las uñas de rojo furioso para disfrazarse de Nerón. Los médicos estadounidenses que revisaban a los criminales de guerra creyeron que el rojo de sus uñas se debía a su adicción a la morfina y quisieron curarlo antes de que fuera imputado en los juicios de Núremberg, pero antes, dado que no accedían a fusilarlo como él pedía, él vicecanciller del Reich, segundo del Führer, se suicidó con una cápsula de cianuro que mantenía escondida, cápsula que Hitler prefirió darle a su perro. Así comienza “Azul de Prusia”, primero de los cuatro relatos y un epílogo de “Un verdor terrible”. A partir de allí deriva por los orígenes del cianuro, y otros venenos, su encuentro casual como primer pigmento sintético de un intenso azul, que fue muy usado por Van Gogh, entre otros, y amado por Napoleón hasta el envenenamiento. Salta a la trasmutación que hizo un alquimista que decía haber dado con el Elixir de la Vida, a cómo un comerciante lo convirtió

en un gran negocio, el matemático Alan Turing lo uso para terminar con los sufrimien-

tos de su persecución por homosexual, y Friz Haber, químico Premio Nobel, llegó al Zyclon B, gas usado en Estados Unidos para eliminar plagas y en Alemania nazi para los asesinatos en masa del Holocausto, donde murieron, entre tantos otros, parientes de Fritz Haber.

El libro del chileno, nacido en Rotterdam, Benjamín Labatut es una sabrosa caja de sorpresas. Hilvana calculadamente, con una prosa cuidada, envolvente, en saltos arbitrarios y vaivenes que semejan las ideas y vueltas de un bustrofedon. Ofrece curiosidades al por mayor, explicación de teorías abstrusas a nivel de divulgación, sumadas a impactantes escenas truculentas, terroríficas, o datos comprobables y chismes incomprobables de honorables científicos –de Einstein a Schrödinger- que buscaron traspasar los límites de su disciplina, que en casos lo lograron y en otros los hizo desembarcar en el misticismo, la locura o la muerte. El eje de “Un verdor terrible” es la ciencia y su cuestionamiento, sus hallazgos y errores, aciertos que dan lugar a nuevas búsquedas, que no han parado de transformar el mundo, y que “no solo la gente común sino los propios científicos dejaron de entenderlo”. Labatut cierra su primer relato con el futuro apocalíptico de la desaparición de la raza humana por la venganza vegetal de la naturaleza “que vuelve a dominar la Tierra”.

Labatut considera que hace ensayos de ficción basada en hechos reales, de la misma manera que Arlt, Walsh, Capote, Talese y Svetlana Aleksievich hacen literatura basada en hechos reales. Sus textos sobre científicos, éxitos o fracasos de la ciencia, tienen por momentos más que ver con “El retorno de los brujos” del belga Louis Powels, que con los relatos sobre ciencia y científicos de Borges, Sciascia o Jorge Volpi. Lo que pareciera venir a señalar el ensayista chileno es el carácter literario de ciertas atractivas notas, como las suyas, que aparecen en magazines de fin de semana o revistas culturales. El singular atractivo de este libro que deambula por singularidades científicas, atracción de “Un verdor terrible” lo confirma el que ya tenga su versión en Alemania, Francia, Países Bajos, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Portugal.

=Benjamín Labatut “Un verdor terrible” (Bs. As., Anagrama, 2021, 212 págs.).

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