Lucía Pacenza: editan valioso libro sobre la famosa escultora

Espectáculos

Su obra, que ha sido expuesta en los principales museos del mundo, ocupa espacios públicos de la Ciudad, como el Homenaje al Cuarto Centenario de la Segunda Fundación (Libertador y Udaondo).

Acaba de ser publicado “Lucía Pacenza - El devenir de la forma”, de la historiadora y crítica de arte María José Herrera (con versión simultánea en inglés de María Laura Stösslein). El libro apareció tanto en formato impreso como virtual, con sello de Latingráfica, gracias al plan de Mecenazgo de CABA. Lucía Pacenza (Buenos Aires, 1940) estudió pintura y dibujo con Emilio Pettoruti, escultura con Enrique Gaimari y Leo Vinci. Desde 1966 ha participado en concursos, muestras colectivas e individuales tanto en museos como en galerías de Argentina, España, México y Australia.

En “El paisaje en la escultura y la escultura en el paisaje”, Herrera menciona la muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes (2006) en la que Pacenza registró distintas regiones de la Argen-tina, deltas, quebradas, desiertos azotados por el viento, que transfirió con sutileza al már-

mol de Carrara. La artista siempre se interesó por la escultura pública, dado que “es la más social de las artes, incluso supera a los murales porque es corpórea, participa de la vida de la ciudad”. Con su cámara fotográfica registró cada uno de los escenarios donde insertó las formas de su invención. Fue en los 80 cuando diseñó el “Homenaje al Cuarto Centenario de la Segunda Fundación de Buenos Aires”, obra emplazada en Av. del Libertador y Udaondo.

Esta obra simboliza la concreción de esfuerzos conjuntos de sus habitantes en el tiempo, por lo que adoptó la forma de arco, elemento de síntesis y unión. Utilizó la geometría para crear un ámbito que encierra el fluir del agua que cae como un manantial, evocando el devenir incesante del tiempo. Obra que ha sido vandalizada, cuyo mecanismo del agua no funciona debido a la falta de respeto y también al descuido de la obra pública por parte de los funcionarios. A comienzos de los 80, Pacenza utilizó el mármol salvado de las demoliciones de la ciudad para ejecutar las autopistas. De allí nació su serie “Fragmentos”, un rescate, según lo señaló Rosa María Ravera, de lo que es tiempo, fragmento, historia. Posteriormente realizó la serie “Sur”, en la que definió su mirada: “yo me planté aquí para ver, desde el sur de la ciudad y de la América del Sur. Yo voy al paisaje y, como porteña, eso me admira”.

En los 90 reintrodujo la madera oponiendo formas dentro de la composición de la propia escultura. Pero no abandonó el mármol como se pudo ver en una muestra en los jardines del Museo Larreta, formas en las que enfatizó los opuestos, despojada de texturas, dando prioridad a la luz, por ejemplo: “Sol y Luna- Homenaje a Henry Moore” (1998).

Vendrán otras series en hierro hasta que a partir de 2001 y hasta hoy se enfoca en las ciudades, mármol, yeso, acrílico, blancas y transparentes. María José Herrera cita el prólogo del libro “Las ciudades invisibles” (1972) de Italo Calvino, en el que se pregunta qué es una ciudad hoy para los seres humanos. En ese diálogo imaginario entre Marco Polo y Kublai Kan, el primero le describe muchas ciudades, ”unas alegres, otras tristes, pero todas llenas de la vida que le es propia”. ¿Cuál sería la respuesta hoy? Tristes y degradadas.

La serie que realiza Pacenza lleva varios títulos: “Ciudades invisibles”, “Ciudad perdida”, “Ciudad desierta”, “Ciudad reflejo”, “Ciudad elevada”, “Ciudad transparente” hasta la actual “Ciudad blanca”. Nadie las habita. Es un catálogo de arquitecturas históricas y actuales, muchas encerradas en cajas que las contienen. En 2017, a propósito de estas ciudades imaginarias, a escala mínima, la artista escribió: “todas parecen inhóspitas, inhabitadas y evocan la incomunicación y el aislamiento”. Toda una premonición.

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