La Memphis
Jazz Band,
formación
uruguaya de
jazz que fue
una de las
atracciones
de la primera
jornada.
«Undécimo festival internacional de jazz de Lapataia». Primera noche. Actuación de la Memphis Jazz Band, Malena Muyala, Edmar Castañeda Trío y Andrés Boiarsky-Tomoko Ohno (Tambo El Sosiego, Punta del Este; 4 de enero).
Punta del Este (Enviado especial) - Por décimoprimer año consecutivo, arrancó en Punta del Este el «Festival Internacional de Jazz de Lapataia», un encuentro que se cuenta estando entre los más importantes de la región. Y aunque todo se desarrolla en el contexto de un tambo dedicado a la producción de dulce de leche, el jazz ronda aquí por todos los rincones en la música del «jazz cooking» que comenzó el 27 de diciembre pasado con la presencia del Tabú Trío (Fabrizio Rinaldi en piano, Diego Banega en bajo y Martín Cruz en batería), que sigue animando las noches también durante estos días.
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En la noche anterior al inicio del festival, el pasado martes, se sumaron algunos de los muy jóvenes músicos -AlexHan, Corey Fonville, Earl Travis Jr., Mark Steinert- que serían, ya en el escenario principal, protagonistas de la noche de «Jazz by Teens for Teens». Todavía con la luz del día sobre el remodelado anfiteatro del tambo (un temporal lo destruyó el invierno último y debió ser reconstruido prácticamente desde cero), el Undécimo Festival comenzó con la presencia de una agrupación uruguaya, la Memphis Jazz Band.
Este organismo, creado a mediados de la década del '80, está dirigido por el cornetista y cantante Rodolfo Schuster. Con un disco editado, «Los preferidos del jazz», estos músicos mostraron un repertorio de jazz tradicional, dixieland y swing, y sobre todo un enorme entusiasmo y una gran felicidad por la responsabilidad que les había tocado.
Luego fue el turno de otra uruguaya, aunque en este caso el jazz se tomó descanso por un rato. Se trató de la cantante Malena Muyala (dos discos, una importante carrera en su país, algunos conciertos en la Argentina y un próximo álbum que grabará en febrero también en nuestro país). Esta mujer, que podría definirse en términos generales como «tanguera», hace clásicos del repertorio de Discépolo, de Gardel-Le Pera, de Alfredo Zitarrosa, y también algunos temas propios. Diferente de lo que suele verse por Buenos Aires, con una fuerte personalidad, responsable de los arreglos que también salen de lo más convencional, el set de Muyala tuvo momentos brillantes, especialmente en las versiones de «Garúa», a solas con su cellista Juan Rodríguez, y de «El último organito», que hizo acompañada exclusivamente por el contrabajo del invitado Popo Romano.
Otra vez claramente en el terreno del jazz, aunque sin dejar afuera algunos temas de la música latinoamericana como «Alfonsina y el mar», se presentó después un trío dirigido en este caso por el arpista colombiano residente en Nueva York Edmar Castañeda. Y lo más interesante estuvo aquí en el aspecto tímbrico. Con el arpa jugando el doble papel de instrumento melódico y armónico, con la base en la batería de Fernando Martínez y con la trompeta de Diego Urcola, otro talentoso músico argentino; vive y trabaja en Manhattan, salieron de lo conocido en materia de formaciones jazzísticas.
Ya con el frío arreciando sobre el anfiteatro, con la presencia del Ministro de Economía de Uruguay, Danilo Astori, que permaneció en la platea hasta el final junto a su esposa, la primera noche del festival se cerró con otro exitoso argentino residente en los Estados Unidos.
El saxofonista y flautista Andrés Boiarsky conoció en ese país a la pianista japonesa Tomoko Ohno hace unos años. Allí formaron un dúo que editó su primer álbum, «Shadows of Spring», en 2004, y ha recorrido ya muchos escenarios. Con un tratamiento estético que va del bebop al latin jazz, y con un repertorio que mezcla «standards», composiciones de la propia Ohno y música de Astor Piazzolla (en Lapataia hicieron «Invierno porteño»), fueron un broche excelente.
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