María Elena Walsh fue una artista multifacética: abarcó durante su prolífica carrera la literatura, la música y el teatro. Ícono popular indiscutido, marcó la vida de gran cantidad de generaciones argentinas. Creatividad y convicción fueron sus rasgos característicos. Con muchos éxitos en su haber, quedó en el inconsciente colectivo ligada a las canciones infantiles, aunque su currículo incluyó también obras para adultos.
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Nació el 1° de febrero de 1930 en Ramos Mejía, en el oeste de Buenos Aires y ya desde muy joven decidió que su vida estaría ligada a las artes. A los 17 años publicó su primer libro: "Otoño imperdonable". Años después ya se codeaba con los grandes de las letras y así fue como viajó a Estados Unidos, gracias a una beca que le otorgó Juan Ramón Jiménez.
Su obra fue interpretada por los nombres más reconocidos del espectáculo nacional: Mercedes Sosa, por ejemplo, paseó por el mundo su versión de "Como la cigarra" y "Serenata para la tierra de uno".
Ambas canciones hacían referencia al dolor del exilio, experiencia que Walsh sufrió en carne propia. Entre 1952 y 1956, la autora de "Manuelita, la tortuga" vivió en París junto a Leda Valladares, en respuesta a lo que ella misma definió como la "censura" del peronismo.
A fines de la década del 50 compuso un programa cuyos personajes pasaron a la historia de la televisión argentina: "Doña Disparate y Bambuco". Estos mismos fueron protagonistas de varias temporadas teatrales en la cartelera porteña.
En 1979, en plena dictadura militar, la autora publicó en un matutino porteño "Desventuras en el País-Jardín de Infantes". El artículo relataba con inteligencia y notable valentía los efectos censores del gobierno de facto.
En 1985 su inolvidable "En el país del nomeacuerdo" musicalizó "La historia oficial", primera película argentina en ganar un Oscar.
Entre sus libros más recordados figuran "Tutú Marambá" (1960), "El reino del revés" (1965), "Zoo loco" (1965), "Dailan Kifki" (1966), "Cuentopos del Gulubú" (1966) y "Versos tradicionales para cebollitas" (1967). También hubo lugar para los discos en su fructífera carrera: "Canciones para mirar" (1963), "Canciones para mí" (1963), "En el país de Nomeacuerdo" (1967), "Juguemos en el mundo" (1968) y "Cuentopos" (1968).
Fue galardonada en gran cantidad de ocasiones: obtuvo el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), así como el Premio del Fondo Nacional de las Artes. La Universidad Nacional de Córdoba la nombró doctora honoris causa y la Ciudad de Buenos Aires le dio el título de Ciudadana Ilustre.
Las estatuillas, las placas y los premios llegaron a tiempo dentro de su amplia trayectoria. También el reconocimiento de todas las generaciones que crecieron con ella: en el jardín, en el teatro, en la radio y en el cine.
Manuelita, el brujito de Gulubú y la pájara Pinta ya no parecen personajes tan felices. Con la partida de María Elena, su magia y la cultura argentina quedaron de luto.
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