6 de marzo 2008 - 00:00
"Cuando empezamos éramos bichos raros"
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La Antigua Jazz Band debutó en abril de 1968 en el viejo cine Arte y en la Botica del Angel de Bergara Leumann.
Eramos un grupo de gente amiga que se juntó con la idea de hacer jazz en el estilo New Orleáns y de darnos espacio para la improvisación. Y teníamos la meta de grabar, que por aquel entonces era muy complicado.
P: ¿Sentían que había un ambiente propicio para el jazz por esa época?
R.V.: No, para nada. Eramos bichos raros. Porque además había mucha división entre los que hacíamos jazz tradicional y los que hacían jazz moderno. Ellos nos llamaban «los hotdidos» y nosotros, a ellos, les decíamos «los bop-ludos».
N.S.: Es verdad. Pero lo cierto es que nosotros también escuchábamos a Thelonious Monk, a Oscar Peterson, a Charlie Parker o al Modern Jazz Quartet. Pero era la tradicional era la línea que habíamos elegido para hacer nuestra música.
R.V.: Era un tiempo en que estábamos llenos de prejuicios. Creíamos que para hacer jazz no era necesario estudiar música y que no había que copiar de los maestros. Eran tiempos de muy poca información además, porque los discos de los grandes artistas del jazz llegaban acá con cuentagotas.
P: ¿Se lo habían planteado como un proyecto que les permitiera ganarse la vida?
N.S.: No, para nada. Al contrario; teníamos que poner plata para alquilar un lugar de ensayo. El profesionalismo fue llegando después y de a poco. Y ya en la década del '70, la Antigua se fue haciendo su nombre más popular, sobre todo después de un ciclo que hicimos en el teatro Santa María, y empezó a tener más posibilidades de tocar.
P: Ultimamente, se los ha visto recorriendo otros rumbos, como en sus trabajos junto a Sandra Mihanovich y Opus Cuatro o junto al ballet de Julio Bocca. ¿A qué se debió ese cambio?
R.V.: La esencia de la Antigua es la música de jazz, pero nos da mucho placer abrirnos hacia otras cosas. Y lo de trabajar con un artista como Julio Bocca y su Ballet Argentino fue un desafío muy interesante para el grupo. Porque nos obligó a armar repertorios totalmente diferentes -de Henry Mancini y Lalo Shiffrin a Piazzolla- y a movernos en el terreno de lo que sería un espectáculo más integral.
N.S.: La verdad es que hace 20 años nos hubiera espantado si nos hubieran hecho una propuesta parecida. Pero se ve que algo hemos aprendido y que nos hemos liberado de algunos prejuicios. Y estoy seguro de que es positivo para la orquesta.
P: Ustedes hablaban de las divisiones que había en los primeros años del grupo. ¿Cómo ven el presente en ese sentido?
R.V.: Muchísimo mejor. Por supuesto que tontos hay siempre,en todas las épocas, pero nosotros sentimos mucho respeto de parte de músicos de otros estilos; y hasta tocamos en lugares como Notorious o el Jazz Voyeur que en principio parecerían dedicarse más al jazz moderno o a las fusiones.
N.S.: Quizá, cuando empezamos, era necesario abroquelarse para sobrevivir. Eso nos hacía a todos un poco más sectarios. Es una actitud bien argentina que es, sin dudas, negativa.
P: ¿Cómo serán los festejos por el 40° aniversario?
R.V.: Arrancamos con un ciclo de cuatro viernes en el Jazz Voyeur. En abril, que es el mes de nuestro aniversario, vamos a hacer algunas actuaciones con Barbara Dickson. En junio vamos al teatro Maipú; y para esa época esperamos tener ya listo un disco nuevo, que es un homenaje a Duke Ellington. Y estamos con ganas de armar algo con otros músicos, con bailarines; esperemos poder concretarlo.
Entrevista de Ricardo Salton




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