La muestra estará abierta hasta el 20 de diciembre
No es novedad que el arte reflejó siempre los diferentes momentos históricos, a través de cada una de sus disciplinas. Con el objetivo de realizar una denuncia, expresar un sentimiento o, directamente exorcizar el dolor, las personas pueden ser artífices de obras que quizás no imaginen se convertirán además en documentos imprescindibles. Esto sucedió con los 6.000 dibujos realizados por niños judíos en el Gueto de Terezín, en República Checa, entre 1941 y 1945.
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De los 15.000 que habitaron el lugar, sólo 100 sobrevivieron. Pero en medio de la crueldad más absoluta, en un contexto aberrante donde la niñez les fue arrebatada, aquellos chicos plasmaron en papel su realidad y también los recuerdos felices de su vida antes del nazismo. Esto pudo concretarse gracias a la valentía de la profesora Friedl Dicker-Brandeis -artista de la emblemática escuela Bauhaus-, quien ofreció clases secretas cuando, por supuesto, las mismas estaban prohibidas. Tampoco ella logró sobrevivir.
Luciana Zylberberg, impulsora de la muestra "Voces y miradas", que expone 40 facsímiles de estos dibujos en La Usina del Arte, destacó en diálogo con ámbito.com que "la temática es dura pero es un espejo de cosas que nos siguen pasando como sociedad".
Para Zylberberg, el arte fue para estos chicos "la herramienta vital, lo que les permitió estar atados al mundo, a la vida. Con la pintura, esos chicos pudieron sacar afuera sus miedos, lo indecible, aferrarse a un recuerdo lindo, distraerse, ocuparse de otra cosa". Por eso, resaltó que además de poner en evidencia las atrocidades del nazismo, "la idea es también resignificar el mensaje de Dicker-Brandeis como actitud de vida: preservar niños que no eran propios, pensar qué mundo le dejamos a los chicos". "Ella llevó en sus valijas, mayormente, pinturas; con conciencia vital de que ese era su alimento y de que había niños. Con eso pudieron pintar dos años y en esas mismas valijas guardó los dibujos", añadió.
La coordinadora de la exposición consignó que "si esta mujer no se hubiera trabajado con estos niños, ellos no hubiesen aguantado". "Estos chicos fueron a parar a este gueto, que tenía condiciones muy particulares, con muchos intelectuales y artistas. Era un lugar donde confluía gente muy interesante, de muchos países. La educación estaba prohibidísima, todas las clases eran clandestinas".
Pero, como en todo gueto, allí los chicos "pasaron frío y hambre" y fueron víctimas del "número" (muchas veces tatuado) que pretendía borrar su identidad. Quizás por eso, aclaró la impulsora, "la profesora les daba la consigna de que todos tenían que firmar sus cuadros, como un ejercicio identitario". "Es una temática difícil. Si bien hay cosas que desde lo histórico son innegables, también hacemos mucho eje en estas historias de superación", concluyó Zylberberg.
La exhibición incluye también un ciclo de charlas con sobrevivientes los sábados a las 15, un ciclo de cine los sábados a las 16 y una actividad donde los niños pintan guiados por artistas (el domingo 6 de diciembre, a las 16, con Marcos López y el domingo 13, en el mismo horario con Rep).
La muestra puede verse hasta el 20 de diciembre en La Usina del Arte, Agustín Caffarena 1, esquina Av. Pedro de Mendoza. Jueves y viernes de 14 a 20 y sábados, domingos y feriados de 11 a 20. Gratis.
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