12 de enero 2006 - 00:00

Demasiado amor a Maradona para un solo film

«Amando a Maradona» (Argentina - N. Zelanda, 2005, habl. en español e italiano). Dir.: J. Vázquez. Guión: J. Vázquez, N. Avruj. Documental.

El asunto de este documental es atractivo. No por nada los productores locales tienen como socio al Kelly Park Film Village de Nueva Zelanda, que viene pisando fuerte en el mundo del espectáculo (a señalar, es la primera coproducción entre ambas ascendentes cinematografías del Hemisferio Sur). Con buena jugada, se anticipa además a dos films sobre Maradona que este año pueden sacarse chispas mutuamente: el del italiano Marco Rissi, y el de Emir Kusturica, que acaso esté listo para Cannes. Pero la jugada se pierde, porque la película promete algo distinto y después parece que no sabe qué camino tomar, o quiere tomarlos todos juntos.

Sobre el astro en la cancha, o en declaraciones a los medios, ya hay unos cuantos especiales, todos los cuales esquivan el bulto cuando llega el momento de analizar ciertas etapas de su vida. Acá también, porque se adopta su actitud de víctima argentina del Mundial '94 y lo demás no se menciona ni en mérito al esfuerzo. Pero eso no es lo malo, sino apenas la evidencia del gol que se perdieron los autores del film. Porque, a diferencia de esos cuantos especiales, ésta no iba a ser una película biográfica, sino, tal como se anuncia, «una película sobre el amor incondicional». Lo que implica fe, devoción, aguante, el amor contra toda evidencia, el amor sin límites de los fanáticos de Argentina y Nápoles, y hasta de muchísima otra gente, incluyendo algunos ingleses. Algo de eso hay, pero sólo en lo exterior.

La obra muestra curiosas expresiones de fervor popular (una Iglesia Maradoniana en Rosario parece invento de «Mondo Cane», pero dicen que existe), recupera algunas imágenes de archivo (su primer apoderado, de sólo 17 años, etc.), y les da bastante espacio a don Francis Cornejo y Goyo Carrizo, aquellos que, junto a su padre, lo apoyaron en Villa Fiorito. Carrizo pudo entrar a un club cuando era chico. Sin embargo, generosamente, dijo «No, en mi barrio hay uno que juega mejor que yo». Ese hombre se merece -mínimo- una película entera.

El problema es que « Amando...» quiere mostrar mucho, y se pierde. Salta de un tema a otro mezclando sin ningún eje expositivo ni crecimiento dramático, deshilvanadamente, tatuajes, tatuados, jugadas, canciones (falta la de Rodrigo), apariciones de Julio Grondona, los periodistas, y la enfermera como los malos de la historia, y declaraciones del mismo Maradona en Cuba, que, tal como ha sido registrado, parece el coronel Kurtz de «Apocalypse Now», hablando de su propio amor incondicional: a la patria, la pelota, la familia, los amigos, y, sobre todo, a sí mismo. Al final, la obra aporta mucho menos de lo que hubiera podido. Una lástima. Eso sí: con el montaje visual y sonoro realmente adrenalínico que tiene, los fanáticos la ven como en estado de trance.

P.S.

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