22 de noviembre 2007 - 00:00

"Desapareció una noche"

La novela del mismo autor de «Río místico» necesitaba un director más experimentado,capaz de sintetizar drama y planteos morales en una narración cinematográfica másatrapante.
La novela del mismo autor de «Río místico» necesitaba un director más experimentado, capaz de sintetizar drama y planteos morales en una narración cinematográfica más atrapante.
«Desapareció una noche» (Gone baby gone , EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: B. Affleck. Int.: C. Affleck, M. Monaghan, M. Freeman, E. Harris, J. Ashton, A. Ryan, A. Madigan.

El debut como director de Ben Affleck adapta una de las novelas favoritas del popular actor hollywoodense: «Gone Baby Gone» de Denis Luhane, el mismo autor de policiales tan complejos y dramáticos como «Río Místico».

Lamentablemente Affleck no es Clint Eastwood, y una historia compleja como la que cuenta su ópera prima necesitaba de un director más experimentado, capaz de sintetizar el drama y los planteos morales de la historia en una narración cinematográfica más atrapante. Affleck intelectualiza cada detalle de la historia que podría resultar verdaderamente interesante y, lo que es peor, desaprovecha personajes sumamente ricos dándole un tono monocorde a una película que se toma todo muy en serio.

La intriga tiene que ver con un secuestro infantil. Dos detectives privados son contratados por una pareja para dar con su sobrina; investigación que se encuentra con todo tipo de problemas desde la misma madre drogadicta de la nena, los policías que siguen el caso y hasta el propio jefe de la seccional. Con dos actores como Ed Harris y Morgan Freeman encarnando a dos de estos personajes duros, de la pantalla deberían salir chispas. Pero el enfoque de la historia es tan hablado y hasta teatral, además de poco frontal en lo visual, que estos dos talentos se desperdician sin llegar nunca a alcanzar el potencial que se podría esperar de ellos. Hasta la fotografía de John Toll está desaprovechada, con climas visuales permanentemente quebrados por un montaje nervioso y con poco pulso, que interrumpe la narración y le quita ritmo.

El resultado no es una película terrible, pero tampoco el policial serio y riguroso que su director parece querer presentarnos con un tono solemne lleno de pretensiones artísticas pero con escasa sustancia.

D.C.

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