En «Creep», Franka Potente anda casi tan apurada como en «Corre Lola,
corre», sólo que esta vez dentro de una pesadilla poco creíble aderezada
con chorros de sangre, cadáveres, ratas y otras lindezas por el estilo.
«Creep» (Idem, Gran Bretaña/Alemania, 2004, habl. en inglés). Dir: Ch. Smith. Int.: F. Potente, J. Sheffield, S. Harris.
La primera mitad de este mediocre film de terror que no aprovecha casi nada de la tradición británica con glorias como los clásicos de la productora Hammer Films, parece uno de esos cortos filmados por estudiantes en un subte, llenos de recorridas nerviosas por pasillos, andenes y trenes desiertos sin que nunca pase nada realmente sustancioso o verosímil. La segunda parte se parece más a un film de terror berreta de bajo presupuesto con un tipo maquillado de monstruo, con más énfasis en la sangre y los detalles horribles en general que otra cosa. No hace falta aclarar que la suma de estas dos partes no puede derivar en nada memorable.
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La película comienza con un prólogo en el que dos obreros descubren un inexplicable nuevo túnel en la red cloacal, lo que inmediatamente los expone a algo muy feo que pulula en la fétida oscuridad. Pero luego la acción se mueve a ambientes más refinados, con una Franka Potente ansiosa por seducir a George Clooney, ya que tiene el dato del boliche al que el astro piensa ir esa noche. En Londres no es fácil conseguir taxi, y la heroína decide arriesgarse en el subte. Cuando se queda dormida en el andén sin que la despierte el ruido del último tren de la noche y sin que nadie le haga notar que cierra la estación, el guión empieza a hacer agua seriamente.
Cuando en la estación cerrada aparece un compañero de trabajo de la protagonista tan excitado como para seguirla en ese absurdo after-hours para violarla, el espectador no tiene más remedio que aceptar que está ante uno de esos patéticos ejemplos de película de terror donde los aspectos realistas son menos creíbles que sus detalles sobrenaturales.
Si bien durante 50 minutos hay invasiones de ratas, algún que otro cadáver mutilado y generosos regueros de sangre ensuciando los otrora impecables pasillos del subte, la acción horripilante recién toma fuerza hacia el final, con un malísimo hombre de los cloacas, que deambula matando gente por unos pasillos que conectan al subte con los desagües y un muy poco creíble hospital abandonado bajo tierra donde evidentemente el topo humano tuvo una infancia un poco difícil. El hermetismo del origen de este hombre topo se origina por los agujeros negros del guión más que por alguna doble intención argumental, y en todo caso a esa altura hay bastantes sustos como para intentar redimir el aburrimiento previo. Franka Potente anda casi tan apurada como en «Corre Lola corre», y a su cargo está la línea más ingeniosa del film, referida al tamaño del pene de su agresor.
Los 85 minutos de duración, y la performance del monstruoso Sean Harris son los dos factores básicos para que este producto termine resultando medianamente soportable.
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