A diferencia de sus tres últimos espectáculos, esta vez la actriz, dramaturga y directora, entrelaza a todos los personajes que interpreta en un mismo, desopilante, eje argumental.
«¡Dolly Guzmán no está muerta!». Texto, Int. y Dir.: M. Cabrera.Dir. Mus., Compos. y Arreglos: C. Martini. Voces en off: M.Bellati, C.Martini. P.Palavecino. (Centro Cultural Caras y Caretas -Venezuela 370.)
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Dolly Guzmán es, ante todo, el prototipo de una actriz. Finge y miente sin descanso, se esconde detrás de múltiples máscaras e inventa lo que sea con tal de reavivar su alicaída fama. Para ella cambiar de nombre, simular que es mexicana o hacerle creer a todo el mundo que su madre apuñaló a su padre, es parte del juego. También lo es construirse un destino bien cruento, hecho a su medida, y otros tantos trucos para llamar la atención. Pero, las cosas se complican y Dolly desaparece. Mientras los noticieros la dan por muerta o secuestrada, un detective intenta resolver el caso aún en medio de sus propios conflictos laborales.
Mónica Cabrera creó una divertida parodia del género detectivesco, escrita, interpretada y dirigida por ella, que a diferencia de sus tres últimos espectáculos («El club de las bataclanas», «Arrabalera, mujeres que trabajan» y «El sistema de la víctima») entrelaza a todos sus personajes dentro de un mismo eje argumental.
La acción se va complejizando con el apoyo de una pista de sonido que reproduce, entre otras cosas, los comentarios del detective, las noticias de los noticieros televisivos y los mensajes que recibe la protagonista en su contestador telefónico. Abundan las referencias a casos policiales, cuestiones políticas y conflictos sociales directamente conectados con la realidad argentina. Otros temas más espinosos, como la droga, el secuestro de cadáveres o las andanzas de la mafia china dan pie a situaciones de un humor salvaje e irresistible.
Cabrera se mueve vertiginosamente por todos los rincones de la sala, multiplicándose en muy diferentes roles y resolviendo sin fisuras los saltos temporales. Mientras la investigación se complica con pistas falsas, personajes que no son lo que aparentan y testigos que irrumpen del más allá, la actriz protagoniza escenas de gran comicidad y además se luce como cantante a través de un repertorio muy variado que realza los contenidos de cada episodio.
La escena en que Dolly se desespera por conseguir droga y alucina que su mucama le dejó un pájaro muerto (en lugar del plumero) es de antología. Lo mismo que la aparición de la madre, una jujeña adorable que sale de la tumba para buscar a su hija y teme no en contrar el camino de regreso. La sobreabundancia de datos e historias paralelas puede llegar a confundir al espectador, pero es tan divertido lo que sucede que a nadie le importará perderse en los vericuetosde este disparatado policial.Hay mucho color en escenay tanto el vestuario como las pelucas que utiliza protagonista subrayan el clima de historieta que envuelve a la acción.
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