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19 de septiembre 2007 - 00:00

Dorothy Parker integral: mucho más que el ingenio

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«Narrativa completa» de Dorothy Parker. Traducción Jordi Fibla. Debolsillo. Buenos Aires, 2007. 640 p.

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Junto a una de las mesas del hotel Algonquin de New York -muy frecuentado en los años '20 por la escritora Dorothy Parker y su círculo de amigos- hay enmarcado un conocido poema de la autora que dice así: «Me gusta tomarme un martini/ Dos como mucho/ Después del tercero estoy debajo de la mesa/ Después del cuarto estoy debajo del anfitrión».

La mordacidad de Parker (cuentista, autoradramática, crítica, humorista, guionista y poeta) sigue brillando a través del tiempo; pero su fama de mujer rebelde, sin pelos en la lengua y siempre dispuesta a saltar al vacío (fue alcohólica, adicta a los fármacos, enemiga del matrimonio, la maternidad, la vida familiar y las convenciones sociales) ha impedido una correcta valoración de sus textos literarios.

Críticos de otros tiempos llegaron a declarar que su obra es aguda, divertida y está «bien escrita» pero que no puede equipararse a la de autoras más «serias», como Emily Brontë o Jane Austen (así lo afirmó Edmund Wilson en un prólogo de 1944).

Los relatos de Parker siguen vigentes y con sus méritos a la vista, puesto que ella no se limitó a adornar su prosa con comentarios sarcásticos (muchas veces dirigidos contra su persona) ni a radiografiar los círculos que frecuentaba con el solo fin de burlarse de la estupidez de los ricos o de la patética impostura de los intelectuales.

Una lectura más atenta permite observar que Parker disfraza con un tono jocoso, a través de situaciones fútiles, conflictos de alcance existencial: muchachas condenadas a ser tratadas como objetos, matrimonios que se van a pique tras años de fingimiento, hombres y mujeres sumergidos en el alcohol y los fármacos por no poder lidiar con la soledad, la pobreza (económica y de espíritu) o con su propia incapacidad para sostener un vínculo amoroso.

Algunas historias devienen en apasionados monólogos, lo que hace que su carga emotiva sea intensa y su humor más ácido. Tal el caso de «El vals» (uno de sus mejores relatos), «La liga», «Altas horas de la madrugada» y «Una llamadatelefónica». La mayoría de los cuentos está protagonizada por mujeres, relegadas socialmente, víctimas de la discriminación racial, o que se han hartado de la excesiva solemnidad de sus maridos. La autora no levanta ninguna bandera feminista, simplemente registra con causticidad: «Fue un año en que muchas esposas colocadas en los altares apenas unos centímetros por debajo de los santos, árbitros de la etiqueta, veneradas anfitrionas, arquitectas de menús memorables, de golpe y porrazo huían a México en compañía de jóvenes ambiguos dedicados al arte» (en «El banquete de sapos», de 1957).

Para el lector de lengua castellana es un lujo poder acceder a la narrativa completa de esta autora. Sus relatos -algunos rescatados de antiguas colaboraciones en periódicos y revistas- abarcan varias décadas (de 1922 a 1958) y es imposible no detectar en ellos los puntos más débiles de la sociedad norteamericana.

Parker describe a una humanidad -desgarrada o bulliciosa- que se enfrenta, sin excepciones, al absurdo de la vida. El cinismo propio de su época y cierta compulsión a mostrarse «divertido» las veinticuatro horas del día le aseguran a la autora una adecuada bienvenida a nuestro siglo.

Patricia Espinosa

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