Graciela Dufau vuelve a brillar en «Diatriba de amor contra
un hombre sentado» (la obra que García Márquez escribió
para ella), pese a los innecesarios y hasta molestos cambios
de vestuario y «efectos especiales».
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Este hombre sensible e idealista es rechazado por su familia, pero poco después la falta de recursos y un hijo que alimentar lo llevan a reconciliarse con su padres, dejando atrás la vida sencilla y agreste que supo compartir con su amada. Eso es algo que ella no le perdonará nunca.
A pesar de haberse convertido en una gran dama y de doctorarse cuatro veces en la Universidad,
Su bravata dura una hora y media (el tiempo real de la representación) e incluye todos los estados de ánimo posibles: furia, desilusión, ternura, cinismo y hasta un saludable autoironía que neutraliza cualquier indicio de patetismo. Aún así, las contradicciones del personaje no funcionan dialécticamente sino por acumulación de datos lo que le quita verosimilitud (tanto a ella como al castigo final que decide aplicarle a su marido).
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