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22 de marzo 2007 - 00:00

El 23, número de mala suerte para Jim Carrey

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La obsesión de Jim Carrey por convertirse en actor «serio», lo lleva a papelones como el paranoico que compone para «Número 23», un thriller cuya única virtud está en el aspecto visual.
«Número 23» (The Number 23, EE.UU., 2007, habl. en inglés).Dir.: Joel Schumacher. Int.: Jim Carrey, Virginia Madsen, Logan Lerman, Danny Huston, Rhona Mitra.

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Si no estuviera filmada por un cineasta con buen ojo para levantar situaciones extrañas y volverlas interesantes en lo visual, este mediano thriller paranoico directamente sería insoportable.

Virginia Madsen lleva una vida normal con su marido Jim Carrey, a pesar de que un empleado de la perrera municipal tal vez no sea el personaje más normal que uno pueda encontrar. En todo caso, la vida normal se les escurre para siempre a esta pareja y su hijo adolescente cuando ella compra un libro usado, «El Número 23», que pronto le contagia al dueño de casa la obsesión por ese número, al que ve por todos lados siempre insinuando algo ominoso.

Jim Carrey tiene la manía de intentar alejarse de su imagen de comediante de éxitos como «Tonto y Retonto», y por eso puede hacer papelones como esta interpretación de un paranoico que ve números 23 a toda hora, sintiendo una profunda y no muy sana identificación con el protagonista del libro, cuyo autor, de paso, podría haber cometido un asesinato. Joel Schumacher se divierte de lo lindo haciendo aparecer números 23 en los lugares menos pensados durante casi toda la película, y este trabajo, por hueco que pueda ser, es lo que mantiene atento al espectador en medio de las diatribas insoportables de Carrey.

Las imágenes del director de fotografía también ayudan a darle interés a una historia que se percibe como insustancial desde el vamos y que, como tiene un giro sorpresivo resuelto 20 minutos antes del final, deja un largo epílogo aún menos bienvenido que todo el embrollo paranoico que lo precedía.

Sin necesidad de tomar en serio la «mala onda» que en el film se le atribuye al 23, no cabe duda de que no es el número de suerte ni de Carrey, ni de Schumacher, ni de ningún espectador que vaya a invertir su dinero en una entrada para ver esta película.

D.C.

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