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1 de agosto 2006 - 00:00

El arte recupera la obra de un poeta de la luz: Flavin

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«La diagonal del 25 de Mayo de 1963 - A Constantin Brancusi », obra de Dan Flavin que se expone en el Museo de Arte Moderno de París.
"Al mirar la luz uno queda fascinado, inhibido de buscar los límites en cada extremo", escribió el artista norteamericano Dan Flavin, cuyas obras se exponen en el Museo de Arte Moderno de París, en una retrospectiva que se concreta como resultado de un largo proyecto iniciado en vida del artista.

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Flavin (1933-1996) fue un mago de la luz y singular poeta del minimalismo. Ya en 1961, cuando expuso acuarelas y construcciones abstractas, a las que tituló «Iconos», en la galería Judson de Nueva York, utilizó la luz como recurso. Dos años más tarde, abandonó el objeto y montó en su estudio un tubo fluorescente de 244 cm. (conocido internacionalmente como de 105 watts), a un ángulo de 45 grados.

La «Diagonal del 25 de Mayo» (homenaje a Constantin Brancusi), anteriormente titulada «Diagonal del éxtasis personal», fue la primera obra en la que creó una atmósfera de extraña intensidad coloreada. Cuando estos tubos fluorescentes fueron producidos en serie, ya estandarizados, se transformaron en el medio con el que la luz modificaba el espacio.

Siguió lo dicho por el arquitecto catalán Antonio Gaudí, autor de La Sagrada Familia: «organizar el espacio no es solamente construir estructuras, sino también cubrirlas, darles vida y sobre todo hacerles perder su materialidad, infundiéndoles el espíritu por medio de la luz».

En 1966 participó en la exposición de arte minimalista «Estructuras Primarias» en el Museo Judío de Nueva York. A partir de 1969, llevó a cabo en salas enteras de museos y en edificios una gran número de instalaciones en las que presentó originales superposiciones y disoluciones de barreras luminosos.

  • Experiencias

    Las salas del Museo de Arte Moderno de París permiten recorrer las experiencias fluorescentes de Flavin: ensamblajes geométricos de gran pureza. Se destaca el Monumento a Vladimir Tatlin, una obra basada en un principio serial, que evoca la idea de infinito y alude al proyecto del gran artista ruso Tatlin, su Monumento a la Tercera Internacional de 1920 que nunca se realizó.

    Así, en distintas ocasiones sus tubos de neón ensamblados en sencillas formas lineales y rectangulares, se inspiraron en la obra de artistas como Barnett Newman y Roy Lichtenstein, entre otros. Los tubos fluorescentes rojos del Monumento para aquellos que fueron asesinados en Ambush, dedicado a la memoria de los muertos en la guerra de Vietnam, crean una verdadera situación angustiante.

    «Con esos baños luminosos, Dan Flavin subraya la arquitectura que cobra una destacada presencia. Sin ningún simbolismo a descifrar. Pero aunque el artista refutaba toda interpretación, su arte provoca una experiencia inédita e innegable del espacio», escribió la curadora Elise Heinrich. Desde comienzos de la década del sesenta, se había ido afianzando en Nueva York un nuevo movimiento caracterizado por las estructuras espaciales abiertas, las cuadrículas modulares, las cajas y cubos realizados a máquina y las luces de neón producidas en serie.

    Acuñado por el filósofo Richard Wollheim, el término arte minimalista, data de mediados de los sesenta. Objetos simples que proponían eludir los valores simbólicos y asociativos para recuperar los elementos básicos de la percepción como el punto de vista y la iluminación. Era fácil reconocer la influencia explícita de Brancusi y de la reducción formal del constructivismo de Alexander Rodchenko.

    Pero en los interesantes comentarios que muchos minimalistas escribieron sobre sus planteos artísticos, habitualmente señalaron que las pinturas de Jackson Pollock marcaron el comienzo de esa línea que derivó en la yuxtaposición de espacios y colores.Se presentaron como descendientes y continuadores de una postura netamente estadounidense y antieuropea.

    El arte minimalista rechazó los contenidos y por eso se orientó al vínculo entre la obra y el espectador. A diferencia de las obras de Malevich y de Mondrián, la simplicidad de sus estructuras no buscó el equilibrio de las composiciones ni la geometría elemental. Aunque minimalista clásico, Flavin abandonó los ejercicios de la percepción postulados por Donald Judd y Robert Morris.

    Participó en las exposiciones internacionales de las Documenta de Kassel en 1968 y en 1977. Ya en los noventa, realizó instalaciones de neón en el Museo Guggenheim de Nueva York (1992), y en 1996 decoró la fachada del Museo de Arte Moderno de Berlín con tubos fluorescentes verde y azules. A diferencia de los trabajos de otros minimalistas habitualmente con colores neutros como el blanco y el gris, Flavin realizó obras con colores que lograron una singular poesía.

  • Percepción

    Sus experiencias se centraron en el postulado de que la percepción de la luz modifica la percepción espacial. Por ello, el reconocido crítico inglés (que estuvo en Buenos Aires hace unos años), Edward Lucie-Smith ha señalado la posibilidad de vincularlocon los escultores cinéticoscomo Jesús Soto o Carlos-Cruz Diez que, basados en fenómenos ópticos, realizaron obras tridimensionales y plantearon la ilusión asociada a la alteración del espacio.

    Aunque el uso del neón, un recurso vinculado con la publicidad, también permitió la asociación del minimalismo con el pop-art. Flavin se caracterizó por la riqueza de sus estrategias al utilizar luz fluorescente blanca y de colores, fría y cálida para lograr el brillo y la materialización del espacio. Integró así singularmente fenómenos como la temperatura del color, la mezcla óptica y el contraste simultáneo.

    «Si se pone un tubo fluorescente en forma vertical en el preciso lugar donde se unen dos paredes, se puede eliminar esa esquina con el fulgor de la luz y la duplicación de la sombra. Así como se puede desintegrar visualmenteun pedazo de pared, transformarla en un triángulo separado y flotante, con sólo hundir una diagonal de luz de un extremo al otro de esa pared, enfocando la luz hacia el suelo. Por eso, cuando me preguntan qué es el arte para mí, sólo digo que quiero contar con más lámparas. Al menos por el momento», escribió este artista y diseñador de la luz que siguió las ideas de dos grandes creadores del siglo pasado.

    «La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz; nuestros ojos están hechos para percibir las formas bajo la luz», dijo el gran arquitecto y pintor suizo Le Corbusier. Frank Lloyd Wright, autor del Museo Guggenheim de Nueva York, dijo «... más y más tengo la sensación de que la luz es el magnificador del edificio.»
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