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9 de octubre 2008 - 00:00

El cine a la busca de la nueva Camila

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Teresa Costantini: «Felicitas era muy niña cuando mataron a Camila O’Gorman. En veinte años empezaba a surgir otro país pero ciertas normas sociales se mantenían».
Un drama romántico de época, la trágica y fascinante vida de Felicitas Guerrero, víctima de un crimen pasional cuando era apenas una rica viudita de 25 años de edad, comienza a filmarse el martes en las afueras de La Plata, para seguir luego en Cañuelas, Magdalena, y la casona de 1805 que fuera de María Luisa Bemberg, en Monte. Se trata de «Felicitas», el nuevo y más fuerte empeño de la ya experta María Teresa Costantini.

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«Tengo en carpeta este proyecto desde hace 20 años, cuando, poco después de 'Nunca estuve en Viena', me habló de Felicitas un descendiente lejano, un sobrino biznieto, cuyo nombre ahora no recuerdo», recuerda la directora durante una charla con sus artistas en los salones del Four Seasons. «Ahora decidí hacerlo, luego de varios años de investigación, y tres de elaboración del guión con Sabrina Farji, a quien luego se sumaron Graciela Maglie y Felix Augusto Quadros. Será de una magnitud distinta de mis películas anteriores, pero sigue siendo la misma exploración sobre lo que pasa en las relaciones sentimentales y en la relación con los hijos».

Felicitas Guerrero fue la niña más hermosa de la Gran Aldea, pero a los 15 años, cuando ya tenía un novio, el padre la dio en matrimonio al hombre más rico, don Martín de Álzaga, cuarenta años mayor que ella. Diez años más tarde, y fiebre amarilla de por medio, Felicitas era la viuda más rica y triste del país, y debía elegir entre un joven estanciero y su antiguo amor de infancia, que había vuelto quizá demasiado loco de la Guerra del Paraguay.

«¡Es una hermosa historia de amor, trágica, terrible! ¡Y cualquier actriz quisiera interpretarla!», se entusiasma la protagonista Sabrina Garciarena, que dice conocerla «desde toda mi vida. Yo tenía 4 o 5 años cuando mis padres me la contaron, y recuerdo que me conmovió tremendamente. Y ayer me la contó mi abuelo otra vez».

Se impone la duda: ¿sus padres la querían?, ¿cómo le van a contar a una nena de 5 años semejante historia, que hasta tiene el bonus de un famoso fantasma que todavía suele aparecer en una iglesia de Barracas, según lo consigna el telefilm de Alexis Puig «Retrato de Felicitas»? «Papá me quiere mucho, eso es lo que creo. Pero íbamos a la costa, y en una parte la ruta se abre y aparece el famoso lugar donde dicen que vivió ella durante un tiempo. Una vez entramos, fue como una visita guiada, y ahí me enteré. Después supe que nunca vivió allí».

La película no incluye escenas en Barracas. «No queda nada de aquella época, estamos hablando de 1862 a 1872, y también demolieron la casa donde ella vivió recién casada con Álzaga, en calle México a media cuadra de la antigua Biblioteca Nacional», detalla Costantini. «Nosotros vamos a reconstruir en provincia lo que aparece en fotos viejas, por ejemplo una calle larga de tierra, con casas de dos pisos, y también la estancia La Postrera, donde tuvo a su hijo. Y, salvo borrar algunos cables, no pensamos hacer ningún efecto de postproducción digital».

Para eso ya están trabajando la directora de arte Cristina Nigro, que ha trabajado con Bemberg, Subiela, Aristarain, Burmann, Lucía Cedrón y otros exigentes, y la vestuarista Beatriz Di Benedetto Diarios de motocicleta», «Las manos», «La señal», etc.). El equipo ha importado metros de lino, sarasa, y otras telas que acá ya no se encuentran. Hay expertos en brocatos, pasamanerías,y botones de nácar, y un acuerdo con los tres únicos artesanos que todavía hacen botas de potro al estilo tradicional. La intención es superar en fidelidad y exquisitez para el detalle a otras tres películas, ya clásicos, sobre esos mismos años: «Su mejor alumno», «En el viejo Buenos Aires», y «Argentino hasta la muerte», que a juicio de los historiadores tuvieron excelentes escenografías, pero vestuarios algo discutibles.

El director de fotografía es Lula Carvalho («Tropa de elite», «A festa da menina morta»), «no sólo un genio, sino un amor, que a los once años ya estaba aprendiendo el oficio con su padre, al que asistió incluso en 'Carandirú'. Vamos a usar lente anamórfico, para tener el formato apaisado más grande, y queremos darle una luz como se ve en los cuadros de aquel entonces», sigue entusiasmada Costantini. «Habrá algunas escenas de despliegue, por ejemplo la fiesta de casamiento, que me parece un sueño hacerlas. Siempre se sueña en grande, y después hay que renunciar a ciertas cosas, pero ésta la vamos a hacer. Calculamos rodar en nueve semanas, sin 'y media'», bromea.

Además de aquel de Felicitas, surge en la charla otro fantasma: Camila O'Gorman. «Felicitas era muy niña cuando mataron a Camila. Y en veinte años empezaba a surgir otro país, pero ciertas normas se mantenían. ¡'Camila'! Esa película fue una maravilla. Adoro a María Luisa Bemberg, tuve la suerte de conocerla, fue una gran luchadora, que admiro. Y ahora, cuando también vamos a filmar en la casa que fue de ella, que hemos alquilado a su familia, siento que nos esperan allí todas sus bendiciones».

El reparto incluye a Gonzalo-Heredia en el papel del enamorado obsesivo («no fue un loco; Victoria Ocampo, que era su sobrina nieta, lo defiende, y yo la sigo», aclara la directora), Antonella Costa como la prima hermana traidora («en el papel social de quien acepta una norma que las perjudica, las mantiene encerradas y hasta traiciona los afectos, obligada por sí misma a cometer un acto terrible, o varios», dice la actriz), Nicolás Mateo como Cristian Demaría (el primo, enamorado discreto, un personaje histórico que luego se recibió de abogado con la tesis doctoral «La condición civil de la mujer», acaso el primer acercamiento al tema en nuestro país), Ana Celentano como la madre («la mujer acompaña, entonces las decisiones las tomaban los hombres», se excusa) y Alejandro Awada como el padre, es decir, el primer malo de la película. El segundo malo, en el papel de primer marido, es Luis Brandoni.

Entrevista de Paraná Sendrós

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