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20 de febrero 2008 - 00:00

El cine se mudó a Punta del Este

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Darío Grandinetti presentó «Matar a todos», sobre un científico chileno que preparaba armas químicas para la potencial guerra con la Argentina en los 70.
Punta del Este - Menos personalidades que otras veces, pero un buen lote de películas se están viendo estos días en el 11° Festival Internacional de Cine de Punta del Este, que culminará el sábado con la uruguaya «Hit» y la brasileña (de coproducción argentina) «Tropa de élite», que el sábado anterior ganó el Oso de Oro en el Festival Internacional de Berlín. Natalia Oreiro y Daddy Brieva estarán en el cierre, que contó con Darío Grandinetti en la apertura.

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El más aplaudido de la noche, Grandinetti vino a participar en el lanzamiento de «Matar a todos», el thriller político uruguayo, argentino y chileno, sobre el caso de un científico chileno que preparaba armas químicas para la posible guerra con Argentina, y que en los '90 terminó silenciado en Uruguay. Pero el actor no hace de científico sino de antiguo amor de la jueza que debe investigar el caso. Y su próximo amor, según contó en un aparte, será la nueva película de Adolfo Aristarain, a filmarse en octubre, sobre novela de Guillermo Martínez. Precisamente, por estar ocupado en la adaptación, Aristarain rechazó el cargo de jurado que los organizadores del festival esteño le habían ofrecido.

Con menos ocupaciones, los espectadores han estado viendo, hasta ahora «Petróleo sangriento» (la película inaugural, que algunos consideraron buena pero larga, otros larga pero buena, y otros simplemente larga), «Lars and the Real Girl» (con asunto similar al de la vieja «No es bueno que el hombre esté solo», o sea, un tipo enamorado de su muñeca inflable), «Después del casamiento», «Encarnación», «Fados», las deliciosas «Muerte en un funeral» y «El sabor del Edén», y la ganadora del Goya, «La soledad», que tiene un interesante uso de la pantalla dividida.

También, una singular película cubana, bastante crítica de la sociedad de ese país, «La noche de los inocentes», que empieza cuando, en fecha 28 de diciembre, un posible travesti es abandonado a las puertas de un hospital, luego de recibir notable pateadura. Protagonista, Jorge Perugorría.

Por la Argentina ya se vieron « Encarnación», presentada por Silvia Pérez y Martina Juncadella, y el docudrama de Enrique Piñeyro «Bye Bye Life», como lo que le cantaban al desaparecido Roy Schreider en «All that jazz», pero en este caso es sobre los últimos días de su amiga, la escritora y fotógrafa Gabriela Liffschitz-, que inclusive participó, aún gravemente enferma, en el rodaje. «No creo que ésta sea la forma definitiva del trabajo, creo que lo voy a pulir un poco más», anticipa Piñeyro, que encara así su trabajo emotivamente más comprometido, y quizá de mayor vuelo que sus anteriores documentales sobre los peligros de Ezeiza y alrededores.

Uruguay, por su parte, destaca en documentales. Ya se vieron «El otro camino» (retrato de Rodolfo Mederos), «Al pie del árbol blanco» (el escondite de un archivo fotográfico), y el risueño «Dos Hitleres» (bien se sabe que algunos uruguayos son muy originales para bautizar a sus hijos). Ayer se proyectaba «Un puente demasiado largo», mirada oriental sobre el conflicto de las pasteras al pie del puente Fray Bentos-Puerto Unzué. Quienes la habían visto con anticipación dijeron que es más objetiva, o al menos más abarcativa, que los trabajos hechos por piqueteros porteños.

Pero la mayor expectativa se centra en «Hit», de Adriana Loeff y Claudia Abend, que ilustra cincuenta años de música popular e historia nacional a través de cinco canciones, desde «Río de los pájaros», de Aníbal Sampayo, al que lograron entrevistar poco antes de su muerte, hasta piezas de Los Shackers, Jaime Roos y otros artistas conocidos en ambas márgenes del Plata.

A destacar, entre las actividades paralelas, la presentación del libro de Ana Nisenson «Corazón en llamas. Tita Merello», una mirada apasionada y femenina (y muy bien escrita) hacia una mujer hasta ahora solo analizada por los hombres.

La excusa de su presentación en Maldonado es comprensible: la madre de Tita era oriental, y fue en esa tierra donde la por entonces vedette rea descubrió al público su enorme talento de actriz dramática.

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