«El desierto negro» no convence ni emociona con su historia de un gaucho perseguido, pero tiene una admirable fotografía en blanco y negro de Jorge Crespo, que impacta en cada encuadre.
«El desierto negro» (Argentina, 2006, habl. en español). Guión y dir.: G. Scheuer. Int.: G. Angelelli,M. Lairana, G. Somogyi, A. Rognogni, M. De Marco, M. Deschutter, E. Almirón, J. Molina.
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Gaspar Scheuer, calificado sonidista de «Saluzzi, ensayo para bandoneón y tres hermanos» y «Whisky, Romeo, Zulú», presenta aquí su primera película como realizador, que es también un encuentro personal con la tierra de su infancia, esa pampa bonaerense todavía inmensa, indescifrable, y arisca, por más que se ofrezca mansa ante los ojos y los brazos de sus pobladores. Así la muestra, como un personaje imponente, para el seguimiento, sin demasiadas vueltas pero con varios remoloneos, de un gaucho huyendo del ejército por campos y pajonales a fines del Siglo XIX.
Libremente inspirado en algunas páginas de Lucio V. Mansilla, Jorge Luis Borges y Antonio Di Benedetto, y en las «Memorias de un pobre diablo», de Electo Urquizo (con o, Los Toldos, 1907), el asunto tiene su interés, pero, quizá por impericia del autor, no logra mayor fuerza dramática, se alarga, y peca además de algunas libertades que afectan su verosimilitud, como la ranchera que cantan los soldados, «Las margaritas», compuesta recién 50 años más tarde por Alfredo Pelaia y Domingo Pelle.
En cambio, los actores tienen un adecuado «physic du rol», empezando por los protagonistas Guillermo Angelelli y Mónica Lairana (la de «El cielito»), y el conjunto luce muy buenos méritos de sonido, música, montaje y ambientación general. Pero donde realmente la obra se luce, y justifica su visión en sala, es en la portentosa fotografía de Jorge Crespo, que, casi diríamos, se roba los laureles. Sin exagerar, su trabajo en blanco y negro realmente impacta en cada encuadre, por la composición, el preciosismo, y el constante juego de definiciones, un poco a la manera de los artistas de la última gran época del blanco y negro. Un trabajo admirable, de mucha dedicación, ya premiado por la propia ADF (Asociación de Directores de Fotografía; dicho sea de paso, en YouTube puede encontrarse un notable showreel con otros trabajos de Crespo).
Lástima que en cine, para que el espectador se enganche durante hora y media, también hacen falta otras cosas. En fin, no se puede todo en la vida.
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