Los televidentes que el próximo domingo se dispongan a ver la 80° ceremonia de los Oscar no deben olvidar un detalle importante: el ajuste en los relojes que decidió hacer este año la Argentina, después de mucho tiempo, impondrá que esta edición de los Oscar empiece una hora más tarde de lo habitual. Esto es, que habrá que esperar hasta las 23.30, hora local (18.30 en Los Angeles), para el comienzo de la habitualmente larguísima ceremonia, que debería concluir, si su duración es la acostumbrada, poco antes de las 3 de la madrugada. Un enorme sacrificio. Al igual que en temporadas anteriores, la fiesta será transmitida únicamente por la señal de cable TNT a partir de las 22, con los habituales desfiles por la alfombra roja.
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En Hollywood celebran que, pese a las perspectivas sombrías que tuvieron este año los Oscar, haya finalmente ceremonia (al contrario de lo que ocurrió con los Globos de Oro), aunque tampoco el espíritu es el más alto. Según informes recogidos por agencias internacionales, la agobiante huelga de los guionistas, el clima preelectoral y las repercusiones de las guerras en Irak y Afganistán se aúnan para no crear las mejores condiciones.
Pero cualquiera sea la razón, Hollywood parece no estar de ánimo estos días, y las nominaciones de este año reflejan de alguna forma el sombrío clima que ha cubierto a Hollywood: temas graves, dramáticos, angustiantes, y prácticamente la falta de comedia. Además, los cinco nominados a mejor película posiblemente sean el segundo grupo en 20 años con la recaudación más baja en la taquilla local, que equivaldría a un anémico 3 por ciento en 2007, de un total de aproximadamente 9700 millones de dólares.
Muchos de los éxitos de 2007 -«El Hombre Araña», «Transformers», «Knocked Up» y «Superbad»- fueron fantasías y comedias «en su mayoría destinadas a niños de 11 años», escribió el crítico Bob Strauss, de «Los Angeles Daily News». «El público elige películas que luego no se reflejan en las nominaciones. Casi nadie, por ejemplo, quiere ver dramas sobre la guerra en Irak. La gente quiere escapar de las malas noticias», agregó.
Tampoco se realizará este año la habitual fiesta posterior a la ceremonia que organiza la revista «Vanity Fair», quien decidió suspenderla en solidaridad con la huelga que el gremio de guionistas de cine y televisión de Estados Unidos cumplió durante más de tres meses. «Han sido unos meses muy malos para mucha gente y no parecía el mejor momento para organizar una gran fiesta», señaló Beth Kseniak, portavoz de la publicación, en un comunicado a principios de febrero. Otras fiestas previas a la ceremonia del domingo, como la organizada por la revista especializada « Entertainment Weekly», también han sido canceladas.
No obstante, la Academia organizará una gala a todo lujo y sin la presencia de piquetes en los alrededores de la alfombra roja. La sala Governors Ball, adjunta al Teatro Kodak, será la primera en recibir a los ganadores del Oscar y a centenares de invitados exclusivos, pero se prevé, según apunta la revista «Variety», que el triunfador de la noche será Elton John y su fiesta post Oscar número 16 para recaudar fondos contra el sida. Esa fiesta tendrá lugar en el Pacific Design Center y el año pasado ya logró reunir a unos 600 invitados a pesar de la competición que supuso la de «Vanity Fair».
Los candidatos
Los hermanos Joel y Ethan Coen, con el western «Sin lugar para los débiles», son los favoritos para quedarse con los Oscar principales, incluyendo el de Mejor Película. Después de barrer con los premios de todos los sindicatos de Hollywood, incluido el de directores, los Coen -en caso de cumplirse los pronósticos- se convertirían en la segunda pareja de directores en compartir un Oscar a la mejor dirección, después de Robert Wise y Jerome Robbins por «Amor sin barreras» en 1961.
El apoyo para «Sin lugar para los débiles» de los sindicatos de Hollywood, que abarcan a un amplio e influyente electorado de los votantes de los Oscar, también hace de los Coen los candidatos principales para hacerse con el Oscar a la mejor película como productores del film, junto a Scott Rudin.
El film opta a ocho Oscar en total. Además de mejor película y dirección, también por el guión adaptado de la novela de Cormac McCarthy. Javier Bardem está nominado como mejor actor de reparto por su papel de frío psicópata que traza un sendero de muerte por toda Texas, y decide el destino de sus víctimas lanzando una moneda al aire.
«Petróleo sangriento», que retrata la América de principios del siglo XX, es otro de los films con más posibilidades (está segundo en las encuestas). Ocho candidaturas acumula esta película incómoda y difícil que, en su aproximación histórica, analiza los perjuicios del capitalismo desaforado en el personaje de Daniel Plainview, un pionero magnate del petróleo que ha reportado a Daniel Day Lewis un aluvión de premios.
En esta suerte de odisea del antihéroe cargada de violencia, «Petróleo sangriento», aunque gana puntos conforme se acerca la ceremonia de entrega de los premios de la Academia, parece, sin embargo, un film condenado a ser el eterno finalista. Así sucedió en los Globos de Oro y en los Bafta y en la reciente Berlinale, donde era la favorita de la crítica pero no se hizo con el Oso de Oro, aunque sí recibió el premio al mejor director y una mención especial a su banda sonora.
Paul Thomas Anderson, acostumbrado a desarrollar sus historias más allá de los 150 minutos, como ya sucedió en «Magnolia» (1999) y «Boogie Nights» (1997), bromeaba en el festival alemán diciendo: «Por supuesto esperamos todos los Oscar, inclusive aquellos para los que no somos candidatos».
Entre los films extranjeros (donde hace tiempo no llegó a calificar «XXY» de Lucía Puenzo) sólo hay una certeza: este año será para un drama histórico, ya que todas las producciones que compiten entran en esta categoría, dos de ellas ambientadas en el conflicto más retratado del cine, la II Guerra Mundial.
La polaca «Katyn» y la austríaca «Los falsificadores» son los films que se adentran en dos capítulos de esa contienda: la matanza de oficiales polacos por el Ejército Rojo, y la producción de divisas falsas por los nazis en la que se emplearon a presos de campos de concentración.
«Katyn» es obra del veterano director polaco Andrzej Wajda, quien realiza un proyecto que llevaba madurando desde años y que le atañe personalmente ya que su padre fue uno de los 22.000 oficiales asesinados de un tiro en la nuca cerca del pueblo que da nombre a ese episodio trágico y al film. Wajda, de 81 años, ya ha recibido un Oscar honorífico por el conjunto de su obra y no es la primera vez que uno de sus films es seleccionado por la Academia de Hollywood.
«Los falsificadores», de Stepha Rutzowitzky está también basada en una historia verídica de la II Guerra Mundial, la de los presos que los nazis utilizaron para falsificar divisas de los países enemigos a fin de hundir sus economías y a la par llenar las arcas del Reich. Más allá de lo extravagante de la historia que se cuenta, el film destaca por el retrato que hace de esos presos que se encuentran ante la disyuntiva de ayudar al enemigo y salvar momentáneamente su vida o tratar de boicotear el proyecto y salvar al menos el alma.
Los dilemas a los que se enfrentan los hombres en una guerra es también el tema de la película israelí «Beaufort» de Joseph Cedar, que cuenta los últimos días en una posición del Líbano antes de que el Ejército de Israel desocupara ese país hace 18 años. La candidatarusa al Oscar, «12» de Nikita-Mijalkov tiene como tela de fondo un conflicto actual, el de Chechenia. Mijalkov se ha inspirado en la película «12 hombres en pugna») de Sidney Lumet y pone en escena a unos jurados que deben juzgar a un joven acusado de asesinar a su padrastro en pleno conflicto de Chechenia.
El último drama histórico en competición cuenta también una historia del este, pero mucho más lejana en el tiempo, ya que se trata de «Mongol», producción kazaya dirigida por el ruso Sergei Bodrov que cuenta la vida de Gengis Kan desde niño hasta que emprendió sus campañas. El film muestra a un Gengis Kan enamorado de su esposa, defensor de los suyos y gran comandante, una imagen que contrasta con la de genocida que tienen en los países que conquistó.
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