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5 de septiembre 2007 - 00:00

Entre parodia y homenaje al género detectivesco

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«El enigma de París» de Pablo De Santis. Editorial Planeta. España, 2007. 285 Págs.

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Mucho más que una atrayente novela de detectives para leer de un tirón, «El enigma de París» (Premio Planeta-Casamérica 2007) ofrece al lector distintas posibilidades de abordaje, empezando por su trama, que cumple con todas las reglas del policial y al mismo tiempo las exagera oscilando entre la parodia y el homenaje al género.

También hay muchos enigmas que resolver y cada investigación se va desarrollando con un buen equilibrio entre teoría y práctica. El humor está muy presente, pero rara vez emerge en la superficie, y si lo hace cuesta identificarlo a primera vista, como ocurre con ciertos aforismos («Los asesinos son los artistas, y los detectives sus críticos», y otros por el estilo) que los detectives se ocupan de deslizar entre sus disquisiciones más serias.

Sigmundo Salvatrio -el joven protagonista de esta historia- está intoxicado de literatura policial, y debido a diversas circunstancias termina siendo asistente del famoso investigador Renato Craig, miembro fundador de Los Doce Detectives, una mítica organización que nuclea a expertos de todo el mundo.

Al enfermarse su maestro, Salvatrio parte hacia París en su lugar, para asistir a la Exposición Universal de 1889, en donde los célebres detectives exhibirán parte de su instrumental. La muerte de un miembro del grupo (seguida por otros asesinatos) involucra al argentino en una compleja investigación, que además de introducirlo en el mundo adulto hará que desmitifique a sus héroes y maestros en forma contundente. Estos, a su vez, intentarán cargarle los crímenes a una secta esotérica, enemiga del positivismo y los adelantos técnicos (incluida la luz eléctrica).

En toda la obra de Pablo De Santis, y también en «El enigma de París», todo lo que acontece está respaldadopor un rico entramado de símbolos de herencia borgeana. Pero su nueva novela también entra en diálogo (salvando las distancias estilísticas y temáticas) con dos títulos paradigmáticos de la literatura argentina: «Adán Buenosayres» y «El banquete de Severo Arcángelo». El rasgo coincidente con la narrativa de Leopoldo Marechal está marcado por las extravagantes peripecias de sus personajes, siempre entregados a confabulaciones, desvelos metafísicos, o al imperioso deseo de refundar el universo. Con un admirable dominio de las referencias históricas y culturales en juego, De Santis se entregó una vez más al placer de narrar, sin alardes intelectuales y guiando muy discretamente al lector en el discernimiento de algunas claves. Aún así, el sentido último de esta valiosa novela dependerá de quien la recorra.

Patricia Espinosa

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