Orchestra Barocca di Venezia. Dir.: A. Marcón. Sol.: G. Carmignola. Obras de Vivaldi y Tartini. (Teatro Coliseo).
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Creada hace diez años y ya de amplio prestigio internacional, la Orchestra Barocca di Venezia, que dirige el clavecinista Andrea Marcón, es una de las principales agrupaciones europeas dedicadas a la música del Barroco con instrumentos originales. Esta afirmación es fácilmente comprobamásble. En su reciente actuación para el ciclo «Nuova Harmonia» dio muestras de su estupenda calidad sonora, cuidadosa de los parámetros de la época barroca y con una plenitud instrumental que aparentemente no tiene dificultades técnicas, ya que la afinación -tan reticente en los instrumentos de época-es siempre pulcra y la dinámica muy moderna.
Pese a que esta vez no pudo venir por razones familiares, la férrea conducción de Marcón se evidencia virtualmente. La interpretación del repertorio es tan disciplinada y meticulosa en todos los detalles que la falta de director no le hace mella al conjunto.
La agrupación dedicó casi todo el concierto a la música gestada por el ilustre veneciano Antonio Vivaldi (1678-1741). De él se oyeron seis conciertos: tres para cuerdas y bajo continuo y tres para violín, cuerdas y bajo continuo, una sinfonía en Sol mayor, además de algunos de los bises entre los que se incluyó un movimiento de «Las cuatro estaciones».
El «Prete rosso» en todo su esplendor. Si bien la orquesta tuvo en todos los casos una actuación impecable ( violines, violas, cello, violón y dos laúdes), la presencia extraordinaria del violinista Giuliano Carmignola, especialista en el violín barroco (de hecho toca para este repertorio un Floreno Guidantus de 1739), fue esencial. El artista le otorgó a sus performances un aire de época realmente fascinante. La excepcional técnica violinística de Carmignola, uno de los mejores intérpretes del instrumento en la actualidad, deslumbró desde su aparición con un violín que allá de su impactante virtuosismo, rescata una suntuosidad de la cuerda ejemplar.
Los pasajes de bravura, sus exquisiteces interpretativas y su sentido dinámico lo consagran como un privilegiado representante de la interpretación de la música del barroco.
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