31 de enero 2006 - 00:00

Exhiben muestra del multifacético Roth

Fragmento de «La creación del Golem» de Pedro Roth, pintor y fotógrafo nacido en Hungríaque, tras padecer el nazismo, vivió en diversos países hasta que en los ’50 se afincóen la Argentina.
Fragmento de «La creación del Golem» de Pedro Roth, pintor y fotógrafo nacido en Hungría que, tras padecer el nazismo, vivió en diversos países hasta que en los ’50 se afincó en la Argentina.
En la Galería Wussman dirigida por César Menegasso (Venezuela 564) se presentará una muestra del fotógrafo y pintor Pedro Roth. Nacido en Budapest, en 1938, este artista pasó la guerra en el ghetto de esa ciudad y su padre murió en el campo de Auschwitz. Todos los hombres de su familia, salvo un tío materno que estaba en Siberia, fueron exterminados. Sólo se salvaron las mujeres, entre ellas su madre.

En el invierno de 1945-46, los habitantes de Budapest padecían frío y hambre. Entonces, la familia Roth decidió salir del país y afincarse en la vecina Rumania donde se terminaba de instaurar la República tras la abdicación del rey Miguel I, aliado de Hitler. Los Roth se instalaron en Transilvania, la montañosa región donde el escritor irlandés Bram Stoker había aposentado al Conde Drácula en su célebre novela de 1897.

Roth
nada supo, obviamente, del Conde Drácula: sí, en cambio, de unos rabinos asideos que habitaban en su barrio. «Conviví con ellos y me enseñaron las tradiciones judías, el baño ritual, los ayunos, las festividades, tal como lo cuenta el escritor Sholem Aleijem», recuerda. Los asideos (o hassidim, en hebreo: los piadosos) eran un grupo de judíos ortodoxos que se opusieron a los intentos de helenización de Antíoco IV, en el siglo II a. C., y prefirieron rebelarse antes que violar la Ley. Estos judíos estrictos dieron origen a la secta de los fariseos y también a la de los esenios. El hassidismo reapareció en el VIII d. C. en Polonia y Galitzia, bajo la dirección de Israel ben Eleazar, y aún subsiste en algunas pequeñas comunidades hebreas de la Europa oriental.

Allí los conoció Roth y a ellos les dedicó hace ya diez años su muestra «El espíritu del sábado», pinturas neo-expresionistas, llenas de amor y de magia, de ironía y de nostalgia de esos cuatro años de su vida, entre los ocho y los doce. Luego se fue a Israel por otros cuatro, hasta que vino a la Argentina en 1954, y en esta tierra echó raíces. En esas pinturas evocadoras que eran un mensaje de tolerancia y de libertad de conciencia, recordó a esos rabinos y al espíritu del sábado, día central de la vida religiosa judía.

«Un fotógrafo desprevenido atraviesa el umbral y piensa que va a poder escudar sus sentimientos detrás de la cámara. La realidad es más dura en el Garrahan. Largos pasillos de una luz tenue que lleva a infinitas habitaciones. Hasta la sonrisa cobra un significado diferente en el Hospital»,
escribió en su texto para la muestra que presentó con el Grupo Cruz del Sur, en 1997, en conmemoración del décimo aniversario de la institución. Al año siguiente, expuso en Espacio Creativo de La Plata. En su prólogo, Juliano Borobio señaló que el método automático utilizado por Roth no coincide con el automatismo psíquico puro propuesto por el surrealismo. Roth no se desprende de su propia historia y labra su particular humanidad día a día, en un tiempo histórico preciso en el que «arrastra penosamente su carga cultural, en ese largo camino que va desde Hungría a Buenos Aires».

• Mago de la luz

En ocasión de su exposición «Trait de Buenos Aires», en la Galería St. Charles de Rose en París (2001), el líder del grupo madí argentino, Arden Quin, destacó la magia de la luz en las fotografías de Roth «... sea la muchedumbre de una manifestación, una estatua iluminada en el fondo de un parque o incluso un detalle de arquitectura».

En los últimos años, se destacó como organizador del Proyecto Golem, Buenos Aires-Praga, (2002-2003), que promovió vínculos entre artistas, escritores y científicos de la República Checa y Argentina. Roth también integró la muestra con obras de cinco artistas checos, Federico Díaz, Marian Karel, Lukas Rittstein, Barbora Slapetova y Dana Zamenickova, y cinco argentinos, junto a él, Pier Cantamessa, Rómulo Macció, Josefina Robirosa y Graciela Sacco.

Según un relato tradicional
Johan, un joven estudiante de Heidelberg comenta a sus compañeros el deseo de ir en busca del Golem a Praga, ciudad considerada como el umbral mágico hacia otros mundos. Johan narra la leyenda del Golem que fue creada por el rabino Löw, un sabio de Praga, que dominaba la cábala y que creó un hombre artificial. Escogió a sus tres mejores discípulos y una noche, a orillas del río Moldava, luego de modelar una figura con barro, el rabino le introdujo en su boca el shem: un pergamino con la fórmula mágica. El Golem comenzó a respirar y el rabino le explicó que había sido creado para servir al pueblo elegido. Era un gigante fuerte y poderoso. Löw le asignaba todos los días una misión. Pero una vez, se olvidó: el Golem salió a la calle y con su fuerza comenzó sembrar la destrucción. El rabino comprendió el hecho de su creación y le quitó el shem. Pero para Johan, el Golem era un desafío que podía servir a aquel que lo hiciera revivir.

• Cibernética

«Löw trató de penetrar el misterio y abrió la puerta a la biología, a la cibernética y a la inteligencia artificial. El misterio permanece, está ahí, somos nosotros los que le dimos la espalda», ha dicho Roth. Los Robots y las computadoras han estado presentes en el arte desde hace muchos años, y el primer robot fue ese hombre de arcilla, el Golem. Norbert Wiener, el padre de la cibernética, que determinó el nacimiento exacto de esta ciencia en 1948 con la publicación de su libro «Cibernética Control-Comunicación en el animal y la máquina» era un humanista total. Sostenía que el arte y el deseo de hallar cosas nuevas es una fuente de vida e interés. El fue el primero en vincular al Golem, los magos, los chamanes y la investigación científica.

Luego, una muestra en el Museo de Brooklyn fue organizada por el grupo Experiments on Art and Technology (EAT) dirigido por el ingeniero de los laboratorios de la Bell Company,
Billy Klüver y el pintor Robert Rauschemberg. Artistas, ingenieros y científicos elaboraron trabajos interdisciplinarios, en 1970-71 y tomaron como punto de partida al Golem, los magos y los chamanes.

Esta fue una preocupación por la condición humana que ha estado siempre presente en las obras de
Roth, y el artista explicitó largamente en sus reflexiones para «El sueño argentino», muestra que expuso en el Centro Cultural Recoleta (2000). En su última exhibición en junio de 2005, en el Centro Borges, presentó una muestra fotográfica con motivo de la Conferencia Mundial de la Paz en Lucknow, India.

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