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22 de octubre 2008 - 00:00

"Fast food nation"

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Aunque muestra ciertas realidades desde el espanto del intelectual de clase media, «Fast Food Nation» es una película interesante y entretenida.
«Fast Food Nation» (EE.UU., 2006, habl. en inglés y español). Dir.: R. Linklater. Guión: E. Schlosser, R. Linklater. Int.: G. Kinnear, C. Sandino Moreno, P. Arquette, L. Guzmán, P. Dano, E. Hawke, B. Willis, A.C. Talancón, K. Kristofferson, L. Guzmán, A. Johnson, W. Valderrama, A. Lavigne, E. Morales.

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Consejo innecesario: no conviene que la gente aprensiva vea esta película después de comer. No es que haya muchas cosas feas (y en todo caso algunas lindas actrices compensan el desagrado), pero se habla de cosas feas. Por ejemplo, de materias coliformes halladas en las hamburguesas de una gran marca. Que las descubran con microscopio, y no a simple vista, igual afecta la comida, la salud, y el buen gusto. Precisamente, por buen gusto evitaremos explicar qué se entiende por materia coliforme. Igual seguiremos comiendo hamburguesas, pero caseras.

Inspirado en el trabajo periodístico de Eric Schlosser, «Fast Food Nation. The Dark Side of The All American Meal» (que no se refiere a alguna parte quemada, sino a otra cosa), «Fast Food Nation», la película, construye un relato semicoral, ficcional pero inspirado en personas y hechos reales, sobre diversos personajes implicados en el negocio de comidas rápidas, desde inmigrantes ilegales y empleadas en negro, hasta creativos, proveedores, y sucios dueños de mataderos, que de los malos de la película son los peores, «y orgullosos de serlo», según los define un viejo ganadero que forzosamente negocia con ellos.

El viejo ganadero, interpretado por Kris Kristofferson, evoca de paso los enfrentamientos antimonopólicos de 1919 y -detalle singular- evoca con cierta nostalgia al presidente republicano Ike Eisenhower. Poco después, otro proveedor, interpretado por Bruce Willis, mastica una carne jugosa mientras escucha sin ninguna inquietud los informes bacteriológicos, componiendo un tipo práctico, medio cínico, y de buen estómago.

Quien los entrevista y se va desayunando es Greg Kinnear, director de marketing de una cadena, creador de un modelo supergrande, y ahora circunstancial inspector de un frigorífico sospechado. En paralelo, Catalina Sandino Moreno, colombiana, ensaya su mejor acento mexicano, encabezando una segunda línea narrativa, que también revuelve un poco las tripas, la de los inmigrantes en lucha por abrirse un porvenir, sea como sea. Al respecto, es una pena que el director Richard Linklater haya aprovechado muy poco el humorismo de los trabajadores, cuya vida dramatiza más de lo necesario. Como tantas películas progres, se ve que los mira desde el espanto de un intelectual de clase media. En cambio, una escena con ecologistas lo muestra capaz de un sarcasmo digno de mayor desarrollo.

En suma, película interesante, entretenida, a veces un poquito chocante, ideal sobre todo para los vegetarianos. Lo son, cabía suponerlo, el director y también el referido Eric Schlosser, yerno de Robert Redford y autor, asimismo, de un estudio sobre los panes de sésamo. Hay que sospechar de los panes de sésamo. Dato adjunto, el film dice también inspirarse en el libro de cuentos «Winesburg, Ohio», de Sherwood Anderson, 1919, y los exégetas de Linklater ya lo comparan con Upton Sinclair, John Sayles y hasta Robert Altman. Esto último prueba que no solo la carne en mal estado daña el organismo.

P.S.

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