Fidel: el documental que molesta a todos

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"Creo que me decidí a hacer esta película porque, desde que vivo fuera de Cuba, todo el mundo me pregunta qué pienso de Fidel. Pues bien, a esta altura ya no sé qué pienso, y por eso quise trasladarle la pregunta a los cubanos. A todos los cubanosque encontré. Fue por eso que hice la película".

Así se expresa la cineasta y periodista Amanda Chávez, 34 años, establecida desde hace tiempo en Buenos Aires. Se fue a los 24 años de Cuba; trabajó tres años en la Cinemateca de Venezuela antes de la llegada al poder del presidente con quien sólo tiene en común el apellido, y después de incursionar en el documental con un film sobre la censura en el cine cubano, dirigió otro, molesto para mucha gente, «La importancia de llamarse Fidel», que se verá en nuestro país desde el viernes en el Centro Cultural Borges.

Terminada en 2005, la película se fue postergando porque -se comenta- hubo más de un exhibidor que no deseaba programarla. «No me consta», sonríe Chávez cuando se le pregunta sobre ese tema. «Pero, en fin, no hay mal que por bien no venga, ya que estoy contenta con que la película tenga salida en el Centro Borges». Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Usted puede volver a Cuba?

Amanda Chávez: Sí, por supuesto. Hace más de diez años que no vivo allí, he perdido algo de contacto con la realidad cubana, pero entro y salgo cuando quiero. Mi familia vive allá, y también debo decir que no tropezamos con mayores obstáculos mientras rodábamos el documental junto con mi marido Marcelo Izquierdo, también productor y coguionista, que es argentino.

P.: ¿Pero lo estrenó o lo estrenará en Cuba?

A.C.: Ah, no. No creo, o al menos no por el momento. Creo que las circunstancias históricas son muy especiales, muy sensibles en este momento por la salud de Castro. Ni siquiera hicimos intentos por mostrar el documental en La Habana. Pero también debo decirle que tratamos de estrenarlo en Miami y fracasamos. Nos dijeron que no era una película adecuada para los exiliados cubanos. En una palabra, es un documental que despierta tantos rechazos para los castristas como para los anticastristas.

P.: ¿Cuánto tiempo le llevó la filmación?

A.C.: Mucho tiempo, entre cinco y seis años. Lógicamente, eso se debió no sólo a que quería encontrar la mayor variedad posible de entrevistados sino también a las condiciones de producción. Todo está hecho a pulmón. Aprovechaba mis viajes a La Habana y filmaba un poco. Por suerte, tuvimos apoyo en la postproducción por parte de una fundación española, Anselmo Pie Sopena.

P.: ¿Algunos de sus entrevistados mostraron temor por hablar a cámara?

A.C.: No, en general no. Pero, claro, hubo quienes se negaron a hablar, y hubo otros que se soltaron cuando apagábamos la cámara, y sólo entonces decían cosas que no habían dicho cuando estaban siendo filmados. Tal vez la gente fuera de Cuba no llegue a dimensionar lo que significa el nombre Fidel allá. En la escuela primaria, se enseña a los chicos en primer lugar la letra F, la de Fidel. La primera palabra que se aprende.

P.: Usted ya había filmado otro documental sobre el cine cubano de los '90, durante la llamada apertura a partir de películas del estilo de «Fresa y chocolate».

A.C.: Sí, fue en 1998 y se llamó «Secuencias inconclusas», y también fue muy controvertido. Entrevistamos a actores, directores, editores, guionistas. Recién acababa de morir Tomás Gutiérrez Alea, que se había atrevido a esa película que mencionaba usted junto con Juan Carlos Tabío, que aparece mucho en la película. Y también le dimos mucho espacio al caso de «Cerrado por reformas», una película que censuraron y no dejaron estrenar.

P.: En la misma línea de «La importancia de llamarse Fidel»...

A.C.: No, creo que la anterior era mucho más crítica. Desde luego que no podría afirmar que la película sobre Fidel no lo sea, pero, repito, lo que más me interesó, donde más puse el acento, fue en tratar de desentrañar lo que significa la persona y el nombre de Fidel para los cubanos de hoy, que desde su niñez lo tienen más presente que a su propio abuelo.

P.: Usted trabaja como corresponsal de la cadena árabe Al Jazeera. ¿Cómo la tratan allí?

A.C.: Pues muy bien, es una cadena muy interesante y es una pena que no se vea aquí. Soy una de las corresponsales para el Cono Sur.

P.: ¿Y cómo han tratado temas como el de la AMIA, o las recientes advertencias a Kirchner del presidente iraní?

A.C.: Con total objetividad. Creo que Al Jazeera es una cadena que despierta muchos prejuicios, y le puedo asegurar que yo trabajo sin censura, exponiendo hechos, sin editorializar. No es un informativo cubano, para los que la zafra siempre es exitosa y está todo perfecto.

Entrevista de M.Z.

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